Según medios y opinólogos de diversas estirpes ideológicas, estamos ante la amenaza de fenómenos sociales. Frente a ellos, desde el uso de medios tecnológicos se advierte de su presencia apelando a lo que han dado en llamar, ‘red flags’ con lo que simbólicamente, se afirma que advertidos de la presencia de esos “flagelos”,debemos plantear «bandera roja»
Dicho de otra manera, como premisa fundante, se dice que desde las redes se producen, comportamientos o conductas que en sí mismos, dan cuenta de problemas futuros o riesgos con capacidad para intervenir en los contenidos de relaciones personales de forma nociva o derivar, en contextos psicológicos, en situaciones señalizadoras de signos de algún trastorno de salud mental configurador de riesgos para quien los padece o para terceros.
En este sentido la bandera roja, no es otra cosa que la apelación o demanda de intervención y extrema precaución tal como se decodifica en los asistentes a una playa respecto del estado del mar al utilizarse una bandera roja contiene contradictoriamente una tendencia propia del autoritarismo dominante hacia la hipervigilancia, so pretexto de protección .
Queda sin embargo una idea, un concepto, o una premisa que visiblemente se ve perjudicada y que obra en dinámica necesaria con el entendimiento y la defensa en plano subjetivo de la libertad , que no es otra cosa que su contracara, la responsabilidad.
En ese orden de ideas, cuando hablamos de responsabilidad, precisamente estamos esta aludiendo y por eso se le oculta ideológicamente, a la noción de “hacerse cargo de hechos y efectos, que deben ser asumido desde la determinación libre de lo que se hace y lo que se evita.
Por esta razón, en tanto en nuestro siglo con celeridad significativa se avanza vertiginosamente a la absoluta desubjetivación del individuo y en sentido inverso a su cosificación generada por la producción generalizada de mercancías y la consiguiente exaltación del consumo para la materialización del valor inserto en ellas , la ideología apela a las banderas rojas y la llamada protección , que bajo esa apariencia construida implica la expansión del autoritarismo, hoy necesario para conformar por imposición el discurso de sentido común la dominación necesaria de una clase solo determinada al sometimiento de explotados y oprimidos bajo el esquema finalmente consensuado por la “naturalización”.
La labor de dominación de clase esta presidida por un paradigma que en sí mismo implica el poder burgués: identificar comportamientos problemáticos y, en muchas ocasiones, simplificarlos en sus elementos constitutivos de forma tal que la solución “simplificada” no sea otra que prohibición normativa y castigo penalizado.
La cultura digital debe ser advertida como una herramienta de poder , que se ejerce por quien se hace dueño de un sitio en ese formato como por quienes lo difunden en expansión social que no busca otra cosa , que la tan mentada hegemónia cultural de la clase dominante. Las propias banderas rojas, las advertencia de peligros, sin que entre los explotados y ofendidos haya sido comprendido el fenómeno precisamente como un peligro. La bandera roja no es otra cosa que símbolo conceptual de una nueva forma de prejuicio de clase.
La expansión de las banderas rojas es tan hostil a los humillados y ofendidos que han sido preseleccionados como peligrosos , como también proclive a un conflicto derivado de ese prejuicio de clase activado como herramienta de protección, que puede derivar en linchamientos, acosos, ridiculización, como práctica culturalmente impuesta en la que se desconoce su violencia intrínseca y la propia peligrosidad social que se dice combatir. De ahí en adelante, la ruta marca a pocos pasos la intolerancia colectiva mayormente contenida en la demanda al Estado de ampliación de su poder punitivo y carcelario.
Sin embargo, en todo este aparente atolladero de presunta complejidad con respuestas sencillas previamente prefiguradas bajo la reiteración en extensoo de los prejuicios de la clase dominante a los que recurre para sostener culturalmente esa dominación opresiva , y paradójicamente en contexto en el que la “tecnología” todo lo puede , queda como arma de la crítica y posibilidad de determinación de prácticas sociales antagónicas y superadora de esos enclaves ideológicos de clases, recordar que son las condiciones materiales las que con mayor énfasis y evidencia , están redefiniendo la manera en que nos vinculamos y en esos falsos vínculos reproducimos esas condiciones.
Para Marx, en la producción social de su existencia, los seres humanos establecen relaciones necesarias e independientes de su voluntad (relaciones de producción) que conforman la estructura económica, la base real donde se perfilan las formas jurídicas que le dan el ser por vigencia de la dominación social por las normas y el espacio político definido por la institucionalidad del Estado de la burguesía cualquiera fuese su forma de gobierno.
En la Contribución a la crítica de la economía política (1859) se precisa el concepto contenido en esa premisa, indicando que:
«En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia».
La cuestión se plantea entonces, dentro de la lucha política de clases, y dentro de ella, como guerra de posiciones buscando el abandono cultural de toda bandera de advertencia de peligro dentro de un orden social en sí mismo peligroso y liquidacionista del sentido humano de la existencia, a partir de ser el mismo que genera que la noción de libertad en el mejor de los casos se atrofie en la declaración de derechos subjetivos imposibles de materialización generalizada a todos los componentes de la sociedad.
Los fenómenos sociales de superficie en nuestro actual sobrevivir dentro del orden social capitalista en crisis, solo generador de miseria cultural y barbarie , de aparente resolución bajo las recetas ideológicas siempre expansivas del poder burgués y su violencia, en este caso bajo el ropaje de “la protección”, solo pueden reconoce origen en ese modo de producción , y exigen necesariamente su superación revolucionaria dentro del contexto del interés emancipatorio de toda dominación y explotación que le pertenece a las masas trabajadoras constituías como clase .
Sostiene Trotsky que siempre que se hable de un proceso de ese tenor superador de lo dado tenemos que : “fijar algunos principios sociológicos elementales que son sin duda familiares a todos ustedes; pero que debemos tener presentes al ponernos en contacto, con un fenómeno tan complejo como la revolución.
La sociedad humana es el resultado histórico de la lucha por la existencia y de la seguridad en el mantenimiento de las generaciones. El carácter de la sociedad es determinado por el carácter de su economía; el carácter de su economía es determinado por el de sus medios de producción.
A cada gran época en el desarrollo de las fuerzas productivas corresponde un régimen social definido. Hasta ahora cada régimen social ha asegurado enormes ventajas a la clase dominante.
De lo dicho resulta evidente que los regímenes sociales no son eternos. Nacen históricamente y se convierten en obstáculos al progreso ulterior. “Todo lo que nace es digno de perecer”.
Pero nunca una clase dominante ha depuesto voluntaria y pacíficamente su poder. En las cuestiones de vida y muerte los argumentos fundados en la razón nunca han reemplazado a los argumentos de la fuerza. Esto es triste decirlo; pero es así. No hemos sido nosotros los que hemos hecho este mundo. Sólo podemos tomarlo tal cual es. La revolución significa un cambio del régimen social. Ella trasmite el poder de las manos de una clase que ya está agotada a las manos de otra clase en ascenso. La insurrección constituye el momento más crítico y más agudo en la lucha de dos clases por el poder. La sublevación sólo puede conducir a la victoria real de la revolución y al levantamiento de un nuevo régimen en el caso de que se apoye sobre una clase progresiva capaz de agrupar alrededor suyo a la aplastante mayoría del pueblo.
A diferencia de los procesos de la naturaleza, la revolución es realizada por los hombres y a través de ellos. Pero en la revolución también los hombres actúan bajo la influencia de condiciones sociales que no son libremente elegidas por ellos, sino que son heredadas del pasado y que les señalan imperiosamente el camino. Precisamente por esto, y nada más que por esto, es que la revolución tiene sus propias leyes.
Pero la conciencia humana no refleja pasivamente las condiciones objetivas. Ella tiene el hábito de reaccionar activamente sobre éstas. En ciertos momentos esta reacción adquiere un carácter de masa, crispado, apasionado. Las barreras del derecho y del poder se derrumban. Precisamente, la intervención activa de las masas en los acontecimientos constituye el elemento principal de la revolución.
Y, sin embargo, la actividad más fogosa puede quedar simplemente reducida al nivel de una demostración, de una rebelión, sin elevarse a la altura de la revolución. La sublevación de las masas debe conducir al derribamiento de la dominación de una clase y al establecimiento de la dominación de otra. Solamente así tendremos una revolución consumada. La sublevación de las masas no es una empresa aislada que se puede desencadenar voluntariamente. Representa un elemento objetivamente condicionado en el desarrollo de la sociedad. Pero las condiciones de la sublevación existentes no deben esperarse pasivamente, con la boca abierta: en los acontecimientos humanos también hay, como dijo Shakespeare, flujos y reflujos: “»Hay una marea en los asuntos de los hombres que, aprovechada en su pleamar, conduce a la fortuna»………”Para barrer el régimen que se sobrevive, la clase progresiva debe comprender que ha sonado su hora y proponerse la tarea de la conquista del poder. Aquí se abre el campo de la acción revolucionaria consciente, donde la previsión y el cálculo se unen a la voluntad y a la audacia. Dicho de otra manera: aquí se abre el campo de la acción del partido.( En defensa de Octubre (¿Qué fue la Revolución Rusa?)Conferencia que pronunció Trotsky el 27 de noviembre de 1932, invitado por una Asociación de estudiantes socialdemócratas, en el stadium de Copenhague, Dinamarca.
Daniel Papalardo (en colaboración para Nuevo Curso)
