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LA EXISTENCIA HUMANA Y LA HISTORIA COMO ELEMENTO DISTINTIVO DE SU CONDICIÓN.

“……Y, sin embargo, tiene razón. Aspiramos, en efecto, a ver abolidas la personalidad, la independencia y la libertad burguesa…Por libertad se entiende, dentro del régimen burgués de la producción, el librecambio, la libertad de comprar y vender” ”Desaparecido el tráfico, desaparecerá también, forzosamente el libre tráfico. La apología del libre tráfico, como en general todos los ditirambos a la libertad que entona nuestra burguesía, sólo tienen sentido y razón de ser en cuanto significan la emancipación de las trabas y la servidumbre de la Edad Media, pero palidecen ante la abolición comunista del tráfico, de las condiciones burguesas de producción y de la propia burguesía”…..“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases……..Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.” (Manifiesto Comunista)

Las referencias instrumentales que nos permite la lectura del texto citado, nos dan elementos conceptuales para abordar el conocimiento más próximo a la certeza, de los complejos fenómenos sociales mediante los cuales se nos presenta la barbarie en la que intentamos sobrevivir y en un mismo movimiento nos aporta razones, para visibilizar la profundidad de la crisis subjetiva en la que se encuentra la clase trabajadora para acometer la tarea emancipatoria que le es propia.

En ese sentido, es necesario decir que haber perdido la noción de la Historia desde nuestra propia condición de clases no ubica a los trabajadores ante la definición de la causa de uno de los grandes menoscabos espirituales de nuestra época, que llevan nuestra existencia hacia el vacío y su conversión total en un cuerpo social donde quienes lo integran son objeto pasible de cualquier tipo de manipulación ideológica con formato mercantil .

Por ese distanciamiento con la Historia, todos estamos siendo parte de este fenómeno y compartimos el tiempo en que ello ha sucedido y por ello en algún sentido, somos en alguna medida culpables. Responsables de ser como todos los demás. Y, como todos, de estar involucrado, implicado, partícipes. De no poder distinguir al danzador de la danza. De no poder ni querer hacerlo.

A partir de la Revolución francesa se han sucedido diez generaciones de mujeres y hombres que vivieron en el horizonte de la Historia, un horizonte inmenso, terrible y prometedor. Durante siglos, hombres y mujeres pudieron levantar la vista hacia esa línea distante y percibir su propia y diminuta existencia individual como parte de un relato más vasto, de una narración tumultuosa, frenética por momentos, sangrienta a menudo, capaz, sin embargo, de conferirles un sentido y una dirección.

Pese a las infinitas expresiones de protesta que nacen de las mas diversas variables de situaciones puntuales de daño social en la que los perjudicados salen a la calle, esa dispersión sin embargo es el ariete por el que se oculta lo central en el plano subjetivo del fenómeno. Hemos dejado de tener presente el sentido histórico de la existencia del ser humano y por ende de darle a la historia la condición de saber necesario e irremplazable.
De repente, nuestra existencia militante se desenvuelve sin historia, restringida a experiencias y sensaciones en tiempo presente, sin pasado reconocible ni futuro a construir haciendo que cada una de ellas se convierta en un asunto privado a círculos de afectados directos con tiempo y territorio de desarrollo limitado, en una soledad planetaria. Medimos cada experiencia con la vara corta del presente, una vara en la que los grandes escenarios de la existencia individual y colectiva no tienen cabida. Perdimos la capacidad de sentirnos recorridos por un tiempo grande, donde es posible advertir de donde se viene y a donde se pretende ir.

Para poner en espacio más concreto de visualización de lo que hemos perdido, basta recordar a modo de ejemplo que Fidel Castro , apeló al futuro para obtener justicia luego del frustrado ataque al cuartel Moncada y lo hizo compareciendo ante el tribunal de la Historia. Todos hemos creído que la vida de nuestros hijos sería mejor que la nuestra y que la existencia de nuestros nietos sería mejor que la de nuestros hijos, pero esto evidentemente está en crisis, como en crisis está la reproducción de las relaciones específicas del orden social capitalista.

La perdida de la noción de Historia y de su lugar en el sentido social de la existencia , trae consigo la puesta en cuestionamiento del sentido del conflicto social y de la lucha de antagónicos intereses de clase, razón por la cual la ideología dominante se ha puesto presurosa y persistente en la tarea de terminar académica y políticamente con esa categoría conceptual y todas sus incidencias a la hora de responder a los acontecimientos que se generan desde el plano de lo real -material

Sin embargo es esa misma realidad, la que se empeña en mostrar a todo ese operativo de liquidación de lo humano en la existencia de los explotados y oprimidos se frustra frente a ese sujeto social en acción , como lo dejan ver los sucesos de Bolivia que vienen a dar por tierra una vez más con horas y horas de académicos y divulgadores periodísticos puestas en palabras, discursos, gestualidades, imágenes y demás .
Habrá que recibir este aprendizaje desde nuestra vanguardia trabajadora, tan domesticada por los aparatos ideológicos del reformismo que milita su decadencia bajo la forma del cretinismo parlamentario. La historia nunca se escribe de una vez por todas, la historia es siempre una lucha por la historia. La historia somos nosotros.

“La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases…” (Federico Engels. Prólogo a la Edición Alemana del Manifiesto Comunista de 1983)

En definitiva, hay que lograr construir en interconexión dialécticca de lo real con lo teórico la síntesis explicativa programática que de cuenta de la complejidad he historicidad del actuar del sujeto trabajador en tanto clase social en sí.

Hoy , que según la cultura dominante, y sus operaciones ideológicas, el futuro llegó, “tomar seriamente al capitalismo como orden social constructor del enemigo de clase, significa desafiarlo mostrando, contra sus propias determinaciones, que sus principios de justicia sólo pueden ser realizados, no mediante la reforma de sus apariencias y estructuras relacionales , sino mediante su derrocamiento y abolición por vía de la construcción en transición de una nueva sociedad sin explotados ni oprimidos . La efectividad de la crítica como arma constitutiva de la praxis , supone para la vanguardia trabajadora, tener claridad respecto de los principios y los fines que sustentan la práctica revolucionaria. Porque una cosa es decir que el socialismo es posible y otra muy distinta es argumentar sobre su imperiosa necesidad.

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