Recientemente nos conmovimos con una noticia surcada en el torrente de información cotidiana que se desgrana sobre los trabajadores como si fuese una permanente y copiosa tormenta. En fría síntesis , todos los medios indicaron que en Rosario: un joven se tiró de un octavo piso tras alertar al 911 sobre la muerte de su novia en su casa. El hombre de 22 años llamó y le dijo a la Policía que la chica, de su misma edad, se había quitado la vida; luego se arrojó al vacío.
Avanzando sobre esa escueta información y no sobre sus perfiles policiales, deteniéndonos sí en el resultado muerte , que que hemos podido establecer que las tasas de suicidio han registrado un incremento alarmante a nivel regional y nacional, consolidándose como la segunda causa de muerte en jóvenes argentinos. En Argentina, las muertes autoprovocadas superaron los 4.200 casos anuales recientemente, con una tasa que creció cerca del 30% en la última década.
Por cada suicidio consumado se registran aproximadamente \(17\) intentos previos o episodios de autolesión. Los especialistas lo vinculan a múltiples causas, destacando la crisis socioeconómica, el ciberacoso, la presión social, el consumo de sustancias y el aislamiento.
El consumo de sustancias, los problemas de salud mental y la conducta suicida están profundamente entrelazados. Las drogas y el alcohol desinhiben conductas impulsivas y agravan padecimientos como la depresión y la ansiedad, lo que incrementa exponencialmente el riesgo de ideación y tentativas de suicidio
La Dra. Rebeca Alayón Psiquiatra integrada al colectivo SOM suicidio, dice desde la página web de esa organización que “ El consumo de sustancias es un factor clave en el aumento del riesgo de conductas suicidas, siendo más prevalente en personas con trastornos por uso de sustancias (TUS), especialmente cuando también presentan trastornos mentales. Factores como rasgos de personalidad agresivos e impulsivos, desempleo y problemas relacionales incrementan dicho riesgo, con diferencias de género destacadas, como mayores tasas de suicidio asociadas al alcoholismo en mujeres. A pesar de ello, existen factores protectores como la resiliencia y el apoyo social, y protocolos clínicos, que ayudan a manejar el riesgo suicida en estos casos, enfatizando la importancia de intervenciones específicas por parte del personal sanitario.
Dicho esto, como para posicionarnos en el problema, es inmediatamente necesario puntualizar que las adicciones en el seno de la clase obrera es un problema que no ha hecho sino agravarse exponencialmente en lo que los trabajadores llevan sobreviviendo en este siglo.
Este dato objetivo que incluso debe ser completado con los últimos datos que se han recibido relativos al incremento de los suicidios de personas en edad activa y laboriosa opera no sin sorpresa ,en un espacio práctico de la militancia contenida en la vanguardia que lucha, que se desarrolla entre la omisión absoluta de su abordaje, pasa por el silencio cómplice y termina en una acción discursiva tangencial ,por vía de la asignación de responsabilidades a abstracciones sistémicas, junto a las cuales y a la vez, se propicia el criterio según el cual: “si existe, mejor legalicemos lo que se consume”
La precariedad e insuficiencia de este último plateo, que contiene por la base la misma posición negadora de los otros, se presenta insuficiente y controvertida por la realidad, a poco que se advierta que si bien el alcohol es legal, su consumo no deja de ser problemático para el trabajador en la medida en que incluso puede resultar un elemento que le ubique en situación de riesgo a la hora de poner en acto su fuerza de trabajo en el proceso productivo, más aún cuando sobre esa ingesta base culturalmente se intensifica el hábito de incorporan otros consumos adictivos de sustancias mercantilizadas de manera “clandestina”.
La relación directa que tiene el fenómeno social desde donde emergen el suicidio y el consumo de sustancias adictivas, está demostrada incluso por la atención que Marx le dedica en su texto “Acerca del suicidio”, donde prevalece esa tesis. En ese sentido, hay que recordar que por ese documento de 1846 Marx publicó una extensa reseña sobre el informe de Jacques Peuchet, archivista de la policía de París, que pasó casi inadvertido para la militancia obrera hasta hace poco tiempo, en que fue editado y difundido en castellano
Lo que le interesa a Marx es tomarlo como ejemplo de una crítica que contempla un problema en sus múltiples aspectos, y que es social. Con su edición trató de poner en evidencia, con casos concretos, que la crítica filosófica debe constituirse como crítica social y que en definitiva el Estado, en tanto institucionalidad jurídica por la que se viabiliza la explotación y la opresión , es lo que es porque es síntesis de la vida social.
La mayor parte del texto consiste en extractos y algunos comentarios de Marx; Peuchet no es filósofo, ni científico, ni militante político sino un funcionario de la restauración. Se trata en este caso de un trabajo intelectual de reformulación del texto original y las motivaciones de su autor material. Lo que Marx extracta y comenta es una colección de casos concretos que refieren a la vida privada y su objeto advertible a través del tiempo transcurrido desde su publicación y nuestro acceso a él , es mostrar la opresión de a mujer en la sociedad burguesa.
En ese texto se dice lo siguiente:
“El número anual de suicidios, aquella cifra que entre nosotros está considerada como una media normal y periódica, debe ser considerado como un síntoma de una organización deficiente, porque es justamente en el momento de la detención de la industria y sus crisis, en épocas de alimentos más caros y duros inviernos, cuando este síntoma es más evidente y adquiere un carácter epidémico. La prostitución y el latrocinio aumentan, entonces, en una similar proporción. En principio, aunque la miseria sea la mayor causa de el suicidio, lo hallamos en todas las clases, tanto en los ricos ociosos, como en los artistas y en los hombres políticos. La diversidad de sus causas parece burlarse de la censura uniforme y carente de caridad de los moralistas……Las enfermedades de malnutrición, contra la cuales la ciencia actual se encuentra inerte e insuficiente, de las falsas amistades, los engaños en el amor, la ambición sin aliento, las dolencias familiares, la competencia sofocante, el disgusto de una vida monótona, un entusiasmo frustrado y reprimido, son seguramente ocasiones de suicidio para las naturalezas de una cierta riqueza, y hasta el propio amor a la vida, esa fuerza enérgica de la personalidad, es frecuentemente capaz de llevar a una persona a librarse de una existencia detestable…”
En ese orden de ideas, hay que decir desde el inicio que, el consumo de cualquier mercancía es un momento necesario de ese fenómeno propio de su producción generalizada en una relación donde se ven implicada la situación de propiedad de los medios de producción y la puesta en acto de la fuerza de trabajo vendida por la percepción de un salario y por tal, es en todo momento un fenómeno social si con ello nos referimos a una situación contenida o comprendida entre lo que se presenta como evento, comportamiento, tendencia o reacción que ocurre dentro de una sociedad de clases con virtualidad o potencialidad cierta, de incidir de manera determinante, en la modificación de la conducta colectiva anterior a su producción.
Esto último, explica por sí, que el uso y abuso del empleo de sustancias con capacidad de generar adicciones no es nunca pasible de ser percibido únicamente, como un acto individual, en particular si se tiene en vista que el ser humano es prioritariamente un ser social en la medida en que precisamente adquiere el ser en situación del encuentro con el otro. En ese sentido, para Karl Marx, el hombre no tiene una esencia fija o abstracta, sino que es un ser eminentemente social e histórico. La naturaleza humana se construye a través de la red de relaciones sociales y los procesos de producción material en los que participa a lo largo de su historia.
Por estos factores no cabe otra conclusión que entender que estamos frente a una enfermedad social, es decir, afrontando una problemáticas estructural que afectan con mayor rigor a los explotados y oprimidos por el orden social de clases que impone la acumulación y reproducción del capital que derivan en efectos o resultados colectivamente perniciosos y lesivos que toman cuerpo a través de patologías de salud mental vinculadas al aislamiento o a determinantes sociales de la salud de implicancias colectivas lesivas.
Desde esa perspectiva , es ineludible tener presente en toda esta cuestión en la que nos adentramos, a las condiciones generadas por la explotación capitalista de los trabajadores asalariados, esto es, las jornadas laborales excesivamente largas, el trabajo extenuante, la insalubridad laboral, las viviendas inadecuadas, en contexto de “miseria cultural ” en gran medida derivada de la inseguridad causada por la anarquía de la producción capitalista y la ausencia de ideales de vida superiores , obstruidos por una existencia presidida por el utilitarismo y la representación de lo dado como lo presente y sin referencia a futuro alguno.
En ese contexto marco, la primera afirmación necesaria es que cualquiera fuese el abordaje que se adopte, en toos los casos nos encontramos en un fenómeno concomitante del capitalismo que no se puede eliminar si no se elimina la explotación y la anarquía de la producción capitalista . En segundo orden también es imperativo y no puede estar al margen del contenido concreto del programa político socialista por el que se toma determinación militante el rechazo de todo tipo de la represión estatal , incluida en una lógica belicista figurada bajo el amparo de la idea de “combate” en tanto ello pone al consumidor adictivo en la ubicación guerrera del “enemigo”, que trae consigo la premisa de la prohibición normativa como herramienta ineludible.
Ese mismo programa político en el desarrollo concreto de la acción militante debe propiciar en todos los caso y dentro de la estructura social de clase que nos impone el orden capitalista depositándonos en la condición objetiva de explotados y oprimidos un diálogo entre los trabajadores de la comunidad científica y la clase trabajadora organizada políticamente a través de su forma partido con programa socialista que se centra en la protección de la vida y el objetivo de la emancipación del sujeto, para combatir los flagelos que asolan a los trabajadores como consecuencia de las condiciones sociales que les impone el capitalismo en la que se inscribe el consumo de sustancias adictivas.
La magnitud del flagelo de las adicciones, así como su letalidad, se han incrementado exponencialmente como resultado de la reproducción social permanente aunque con perfiles críticos por sus propias contradicciones, del capital y su orden social de clases . Es difícil encontrar una expresión más concentrada de descomposición social que estas cifras, que venimos manejando desde el inicio de este escrito
En tal sentido, cabe rescatar del debate clásico sobre el alcoholismo que se dio dentro de las organizaciones políticas que se encolumnaban en la segunda y tercer internacional y también de las medidas y tareas que se dio en los primeros momento la revolución bolchevique , porque de ellos surge un posicionamiento claro, basado en la premisa obtenida desde esa misma experiencia , centrada en la idea de que las adicciones, como fenómeno social, son producto de las condiciones generadas por la explotación capitalista, y que mientras no se reduzca la jornada laboral, mientras no existan condiciones de trabajo seguras y dignas, mientras siga habiendo carencias en materia de nutrición, vivienda, salud y educación (es decir, mientras no se combatan las causas sociales de las adicciones), cualquier intento de combatir sus efectos por medios represivos está condenado al fracaso.
Las adicciones no se pueden combatir con castigos, sino que deben ser tratadas como cualquier otra enfermedad, con tratamiento médico, y a tal fin, las organizaciones obreras y socialistas deben entablar, como lo hicieron los marxistas hace ya más de un siglo, un diálogo con la comunidad científica acerca de los mejores mediospara prevenirlas y para rehabilitar a las personas que han caído víctimas de estas, contando para ello con la perspectiva superadora de sacar al discurso médico psiquiátrico del lugar funcional que le otorga el poder burgués, y de despojar al servicio médico de su condición actual de eslabón en la cadena comercial de la venta de medicina como mercancía.
Al mismo tiempo cabe destacar, en las experiencias de las organizaciones socialistas la actitud de las organizaciones obreras en torno a la lucha
contra las adicciones: una posición de principio a favor de la descriminalización del consumo de sustancias psicoactivas, combinada con
una lucha librada, no desde la policía y el resto de las instituciones represivas del estado burgués, sino desde las organizaciones obreras y socialistas para reducir en la medida de lo posible su consumo entre los trabajadores, en el marco de una lucha más general para eliminar la causa primordial de las adicciones, que no son otras que las condiciones sociales generadas por el modo de producción capitalista.
También es necesario indicar, la presencia significativa dos vectores facilitadores del dramático fenómeno al que aludimos, que por fuera de esas estructuras relacionales opresivas y explotadoras que dan el ser al orden social capitalista, que son la matriz de este infierno, existen como epifenómenos emergentes de los sujetos mismos, que son la desesperación y el indiferentismo resultante de ella, que hacen que los jóvenes trabajadores, desbordado por su enajenación en el fetiche mercantil, sólo presten atención a las cuestiones más inmediatas de su imperiosa sobrevivencia material. El trabajador desesperado o el pequeño burgués que considera su situación sin salida busca otro refugio que es el que obtiene dentro de ese proceso de fetichismo en las drogas o el alcohol buscando para apagar la conciencia de su miseria y en definitiva de su falta de esperanza que lo consolida en el hoy omitiendo toda consideración finalista de su ser en el mundo y con ello la representación de futuro alguno.
La propaganda militante no puede concentrarse por todo esto, en la simple adhesión a programas de despenalización de consumos por via de la forma jurídica legal o la salutación de fallos judiciales del poder burgués que indican el carácter no delictivo de esas conductas. Lo necesario además, con carácter de proyección política estratégica hacia la emancipación del trabajo, es explicar pacientemente y difundir en la oportunidad agitativa que se presente que la situación es diferente en otro orden social nacido de estas perversas entrañas decadentes del orden capitalista a partir de la creación de las condiciones materiales en nuevas y diversas relaciones de producción que doten a quien trabaja de un sentido de pertenencia comunitaria en una totalidad que busca superar toda situación de opresión .
Trabajar por dicho futuro. Mantenernos a nosotros mismos y a nuestros hijos mental y físicamente capaces de luchar y disfrutar, se convierte en la tarea de vida y su último sentido dentro de las condiciones de mera sobrevivencia en las que nos encontramos.
Esta lucha específica que no requiere de grandes escenarios por su natural carácter cotidiano desde el solo hecho de existir, necesita librarse, por un lado, a través de la orientación científica ofrecida por la medicina y, por otro lado, inspirando a los trabajadores con una causa por la que luchar, es decir, con un ideal superior de vida como el que ofrece el programa estratégico-táctico de la revolución socialista.
Así como la sociedad socialista sólo pue de aparecer como superación dialéctica de la sociedad capitalista , la moral de un nuevo orden social sin explotadores ni opresores tiene su embrión en la moral del revolucionario en su camino subversivo de lo dado y existente en el orden social capitalista . Esto solo puede darse como superación dialéctica del actual vacío ético de la nada existencial de pura sobrevivencia y reproducción del fetiche mercantil en que se concreta nuestro tiempo histórico desde la perspectiva de las masas trabajadoras
Todos estos fenómenos de corte dramático que en definitiva terminan con la vida humana en toda su integralidad sea esta biológica o espiritual son la expresión de las relaciones de producción capitalistas en el terreno de las relaciones cotidianas entre las personas y de la actitud de estas frente a ellas .
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