Hoy controlé la góndola fría de las pastas.
Apilé cajas siguiendo el sentido de rotación
de los vencimientos,
separé los productos por marca y por clase
y formé bloques de columnas rectas,
ordenadas y alineadas unas con otras,
como si fueran las piezas dispuestas
sobre un tablero imaginario.
En el espacio que había
a los pies de dos torres de cajas,
vi un cuerpo extraño,
un pimiento rojo adentro
de una bolsa de nylon.
El color rojo se destacaba
a simple vista
de esa naturaleza muerta.
Lo veía a través del nylon transparente
resaltar como una señal
sobre la arteria oscura
que había entre las cajas.
Daba la impresión de ser algo vivo
al resguardo
en su refugio de intemperie
resistiendo
en ese frío mecánico
a la lógica natural
de cosas vencidas
o que están por vencerse
contra el límite de su tiempo.
El mundo – me dije- está hecho
de góndolas hostiles y rígidas
donde el azar a veces
nos mete por la fuerza.
Entonces lo saqué de la bolsa
y lo dejé en su lugar.
Pero me di cuenta
que estuviera donde estuviera
iba a seguir rotando
invariablemente,
desplazándose
de mano en mano
y de lugar en lugar
como lo hacen todas las cosas
Materia circulante
desperdigándose
por diferentes caminos
impredecibles
hasta consumirse
en algún sitio
más allá de mi conciencia.
Guillermo Sevlever.
