Como si se tratara de un viejo canillita traído del pasado, Izquierda Diario, el viernes 22 de mayo de 2026, virtualmente vocea “Para debatir y organizarse. Salió el nuevo Manifiesto del PTS: ¿Cómo cambiamos la historia?
Así titula, pero luego si nos detenemos en el pregón virtual , anuncia o manifiesta para quien quiera oír o leer:
» Frente a la derecha gobernante, el peronismo se divide entre quienes colaboran abiertamente y quienes denuncian, pero no pelean en serio. Su única “lucha” es discutir cargos para las elecciones de finales de 2027. La dirigencia de la CGT, por su parte, actúa como cómplice directo.»
«No todo es entrega o resignación. En el mundo millones marchan repudiando el genocidio en Gaza, el guerrerismo imperialista de Trump, los ajustes. En Argentina, a pesar de las traiciones y la pasividad de las cúpulas sindicales, hay resistencia. Somos protagonistas quienes luchamos por salario –como la docencia en varias provincias–, contra los cierres y despidos, frente al ajuste en jubilaciones y programas sociales, contra el ataque al colectivo de discapacidad, en la defensa de la educación, la salud y la ciencia públicas, del agua y de nuestros bienes comunes naturales.»…..»Las y los referentes del PTS son cada vez más reconocidos por poner el cuerpo como parte de esa resistencia. En el Congreso y en las calles. Myriam Bregman, Nico Del Caño, Chipi Castillo, Ale Vilca y cada compañera y compañero que ocupa un puesto de lucha. En las encuestas, aparecen entre los principales dirigentes opositores, con niveles de apoyo altísimos. Ese reconocimiento se siente en las calles, con enormes muestras de apoyo y afecto. Se ve en las redes sociales. Y, también, se vio el 24 de Marzo, con miles de personas movilizadas junto a nuestro partido, en una de las columnas más grandes en Plaza de Mayo y en otras ciudades del país. También en el acto del 1° de Mayo, en un estadio de Ferro desbordado.»
….»Queremos que esa simpatía se convierta en organización, en fuerza para cambiar la realidad. Y para eso tenemos una serie de propuestas.
En primer lugar, poner en pie comités de base para crear espacios de debate y organización colectiva de las y los miles de compañeras y compañeros que nos acompañan en cada pelea y simpatizan con nuestro proyecto. ……»En segundo lugar, impulsar junto a esos comités espacios de lucha, coordinación y autoorganización con otras fuerzas políticas y sindicales, que nos permitan fortalecer cada lucha y pelear por romper la pasividad que imponen las cúpulas obreras y estudiantiles.»….»Al calor de todo eso queremos impulsar, junto a otras organizaciones que compartan este proyecto, un gran movimiento por un partido de la nueva clase trabajadora, una fuerza política sin burócratas ni patrones, que supere por izquierda la experiencia histórica del peronismo, que levante un programa anticapitalista y se proponga ser una alternativa de poder.”
Desde el sitio en Facebook que lleva el nombre “Ultra Valle” se responde a este planteo de la siguiente manera, que por compartir en términos generales hacemos pública desde nuestro grupo de propaganda socialista.+:
PTS inventa categoría nueva de clase social para la confusión
Se pretende innovador, pero es el viejo debate entre explotación y alienación, reciclado como “nueva clase trabajadora” para justificar un programa democratizante y un dispositivo electoral, no una estrategia socialista de poder obrero.
Sucede lo siguiente, el Manifiesto del PTS presenta como eje la construcción de un “gran partido de la nueva clase trabajadora” y liga esa orientación a la figura de Myriam Bregman, a la formación de comités y a una fuerza política más amplia que el formato previo del frente electoral.
En esa formulación, la “nueva clase trabajadora” incluye una enumeración larguísima y muy heterogénea, trabajadores formales e informales, repartidores de apps, estatales, docentes, científicos asalariados, artistas proletarizados, estudiantes que trabajan, mujeres sometidas a dobles y triples jornadas, migrantes y sectores que militan en causas ambientales o de derechos humanos.
Ahora bien, acá aparece el primer problema serio. La categoría deja de fundarse en la relación con los medios de producción y en la extracción de plusvalía, y pasa a organizarse sobre un conglomerado de sujetos que “chocan” con el régimen.
Dicho sin vueltas, se reemplaza la delimitación de clase por una bolsa donde entran posiciones sociales muy diferentes, y así la frontera entre proletariado, capas medias asalariadas, sectores intermedios y activismos político-culturales empieza a borrarse.
Si se lo mira desde este ángulo, el centro del problema no es nuevo:
En la tradición marxista, la explotación designa una relación objetiva de clase, el capital compra fuerza de trabajo y se apropia de trabajo no pago bajo la forma de plusvalía.
La alienación, en cambio, designa la forma en que esa dominación se vive y se reproduce, separación del trabajador respecto del producto, del proceso laboral, de los otros y de su propia potencia humana.
Pero hay que recordar, que este contraste no quedó encerrado en una discusión filosófica de biblioteca, sino que atravesó debates políticos concretos en distintos momentos del siglo XX. En los Manuscritos de 1844 la alienación aparece con gran peso, mientras en El capital el eje pasa a la explotación como relación social objetiva, sin que una dimensión elimine totalmente a la otra.
Esa tensión fue retomada luego en contextos históricos precisos. György Lukács, en la oleada revolucionaria abierta por 1917 y en los debates de la derrota de la revolución alemana, colocó en el centro la reificación y la conciencia de clase. Más tarde, en el período de entreguerras y luego del ascenso del fascismo, la Escuela de Frankfurt, con Adorno, Horkheimer y Marcuse, acentuó los mecanismos de dominación cultural, cosificación y conformismo en las sociedades capitalistas avanzadas. Después de la Segunda Guerra Mundial, los marxismos humanistas y existencialistas, con Sartre, Henri Lefebvre o Karel Kosík en registros distintos, volvieron sobre la alienación para pensar la vida cotidiana, la burocratización y la subjetividad.
Más adelante, en la crisis del fordismo, el mayo francés, el ascenso estudiantil y la recomposición social de los años sesenta y setenta, esa problemática reapareció en corrientes obreristas, autonomistas y posestructuralistas que pusieron el foco en la subjetividad rebelde, el rechazo al trabajo, la micropolítica y los nuevos movimientos. En todos esos casos el punto de conflicto era parecido, si el sujeto revolucionario debía definirse prioritariamente por la explotación en la producción o por formas más amplias de alienación, opresión y extrañamiento vividas en la cultura, el consumo, la sexualidad, la vida urbana o la experiencia cotidiana.
De esta manera, la supuesta novedad del PTS traducida en la fórmula “nueva clase trabajadora” no inaugura un problema inédito, sino que recicla una discusión conocida con otro vocabulario.
En lugar de partir del proletariado como clase explotada que, por su lugar en la producción social, puede paralizar el capital y reorganizar la sociedad, el PTS desplaza el eje hacia una masa heterogénea definida por sus padecimientos, su precariedad o su choque con el orden existente. Y acá el conejo sale de la galera, pero ya lo habíamos visto.
Ese movimiento fue ensayado muchas veces por corrientes centroizquierdistas, reformistas o movimientistas que sustituyeron la delimitación de clase por la de “pueblo”, “multitud”, “ciudadanía movilizada” o “nuevos movimientos sociales”. El resultado político es casi siempre el mismo, se conserva un léxico radical, pero se debilita el criterio material que distingue a la clase llamada a expropiar del conjunto más amplio de sectores descontentos con el régimen.
El problema no está solo en la palabra elegida sino en la función política que cumple. La maniobra de Albamonte y de la dirección del PTS consiste en presentar como innovación estratégica lo que en realidad es una adaptación a un horizonte democrático-electoral más amplio.
Cuando el lenguaje de proletariado, socialismo y dictadura del proletariado se atenúa o desaparece, mientras se enfatiza un gran movimiento de la “nueva clase trabajadora” con comités alrededor de una candidatura, el corrimiento programático se vuelve visible.
En definitiva, con otro rostro expositor , no inventaron la pólvora, apenas le cambiaron la etiqueta al envase. Eso vuelve legítimo hablar de fraude teórico. En el plano doctrinal se preserva una retórica trotskista general sobre revolución y estrategia; pero en el plano político concreto, la clase obrera aparece sustituida por una mayoría social heterogénea cuya unidad se busca principalmente en el terreno electoral y parlamentario.
La “nueva clase” termina así, funcionando como puente entre un discurso rojo y una práctica democratizante, donde se ofrece una representación ampliada del malestar social sin afirmar con nitidez un programa de expropiación del capital y gobierno obrero.
Si se mira con cuidado la genealogía de este giro, el problema no es simplemente que se hable de alienación, porque un marxismo serio siempre tiene que dar cuenta de cómo la dominación capitalista moldea subjetividades, identidades y formas de vida. El problema empieza cuando la alienación deja de ser una mediación de la explotación y pasa a reemplazarla como criterio decisivo para identificar al sujeto histórico.
Ahí es donde la larga discusión del siglo XX se vuelve relevante para esta polémica actual. Cuando ciertas corrientes privilegiaron al estudiante rebelde, a la minoría culturalmente disidente, al consumidor alienado o a la multitud metropolitana por sobre la clase obrera como productora de plusvalía, el resultado habitual fue una política de radicalismo discursivo con desfondamiento estratégico. Dicho de otra manera, mucha crítica cultural, mucha sensibilidad frente al malestar social, pero una creciente dificultad para localizar qué clase puede efectivamente quebrar el poder del capital.
Si afinamos la mira, la explotación remite a una ubicación estructural precisa. Por eso el concepto correcto no es “nueva clase trabajadora”, sino proletariado realmente recomposicionado, industria, logística, transporte, salud, educación, servicios, plataformas, Estado precarizado y desocupación como ejército de reserva.
Esa recomposición exige ampliar el mapa de la clase obrera, no abolirlo en un conjunto amorfo de identidades laborales y culturales.
Demos vuelta el mapa y aparece esto: la noción de “nueva clase trabajadora” oscurece o suprime al proletariado como sujeto histórico de la revolución socialista. En lugar de destacar a la clase que produce plusvalía y que ocupa un lugar decisivo en la producción social, la nueva fórmula la disuelve en una suma de sectores con posiciones muy distintas dentro del capitalismo. Si se raspa un poco la pintura, aparece la pared.
La enumeración del PTS mezcla obreros, asalariados de servicios, profesionales, activistas y capas intermedias bajo un mismo rótulo político. Esa mezcla facilita una orientación de colaboración de clases, porque diluye la separación entre quienes viven de vender fuerza de trabajo y quienes ocupan lugares intermedios o incluso cumplen funciones de reproducción ideológica y administrativa del capital.
Por otro carril, el trabajo en plataformas expresa una mutación real de la explotación, pero no crea una clase nueva. Los repartidores y trabajadores de apps siguen siendo fuerza de trabajo subordinada al capital, y su problema central es la negación de derechos laborales, sindicales, previsionales y sanitarios.
El punto no es inventarles una ontología novedosa, sino organizarlos como fracción del proletariado contemporáneo.
Asimismo,si se corre un poco el foco, se ve algo decisivo. La omisión de los desocupados en la retórica de la “nueva clase trabajadora” es especialmente grave porque el ejército industrial de reserva forma parte orgánica de la clase obrera bajo el capitalismo. El movimiento piquetero mostró precisamente que la desocupación no expulsa al trabajador fuera de la lucha de clases, sino que puede convertirlo en un actor central de la crisis política .
La expansión de la IA, la financiarización y el capital ficticio no liquidan la explotación, sino que la reorganizan y la vuelven más contradictoria. El problema de fondo sigue siendo quién controla las nuevas fuerzas productivas y cómo se extrae plusvalía, no la aparición de una clase inédita definida por su vínculo cultural con la tecnología.
Si uno no se come el amague, la conclusión cae sola. El “gran partido de la nueva clase trabajadora” aparece como una forma más amplia, flexible y movimientista de organización política. Es decir el PTS y sus influencias o simpatizantes que luchen por el voto electoral y en mayor escala. Nada de fusión con el movimiento obrero, es decir un partido de trabajadores que luche por la revolución socialista.
En definitiva, sin una delimitación clara de clase y sin un programa socialista explícito, ese formato se acerca más a un instrumento de agregación democrática y electoral que a un partido obrero revolucionario con estrategia de poder.
Lo desarrollado, explica que la alienación deja de remitir a la estructura del trabajo bajo el capital y se subordina a una política de identidad cultural. Entonces la caracterización se desbarranca, ya no se trata de organizar políticamente a la clase obrera en sus distintas fracciones para enfrentar al capital, sino de reunir identidades, sensibilidades, lenguajes y representaciones en una escena parlamentaria y mediática que suplanta la lucha de clases real.
Ese deslizamiento puede verse cuando se recorta como núcleo estratégico la perspectiva de género en el parlamento, en lugar de subordinar la lucha contra la opresión de género a una perspectiva de clase asentada en el movimiento obrero y en la mujer trabajadora.
Una política marxista no niega la cuestión de género; al contrario, la integra como parte de la lucha de la clase explotada, pero rechaza que la representación parlamentaria de agendas identitarias sustituya la organización de las trabajadoras en sindicatos, lugares de trabajo, comisiones internas, movimientos de desocupados y organismos de poder obrero.
En el punto contenido en esta esta afirmación desde Nuevo Curso , hacemos un aparte en cuanto se refiere a nuestro posicionamiento específico como grupo de propaganda buscando dar mayor amplitud a partir del propio texto que estamos transcribiendo en los puntos precedentes, lo hacemos y lo entendemos con sentido no discordante y en el camino de obtener herramientas que nos permitan elaborar conclusiones para delinear tareas hacia el propósito estratégico emancipatoria por vía de la construcción de poder obrero, supresión del régimen del capital y la creación de una sociedad gestora de nuevo ser humano conformado desde nuevas relaciones sociales de producción , una organización dsocial de iguales, sin explotación ni opresión de ningún tipo.
En este extremo advertimos que capitalismo y patriarcado no son dos sistemas autónomos sino que conforman un solo sistema de dominación social . Hay que negar toda posibilidad de ajuste con lo cierto y verdadero en relación al fenómeno, a quienes plantean que el género y las relaciones sexuales constituyen un sistema autónomo , separado del orden social capitalista que se combina con el capitalismo y da nueva forma a las relaciones de clase, sin dejar de ser al mismo tiempo, modificado por el capitalismo en un proceso de interacción recíproca .
Esta concepción de la que la vanguardia trabajadora necesita tomar distancia desde la construcción de su propio programa-política de clase, considera que el capitalismo es un sistema de explotación , mientras que el patriarcado es simplemente un sistema de relaciones culturales e ideológicas que interviene en el capitalismo , dándole una dimensión específica de género. Esto implica situar al capitalismo como un sistema de exploración en la dimensión de la estructura económica y al patriarcado como un sistema de opresión en la dimensión de la superestructura, Quienes definden esta concepción consideran que es posible eliminar el patriarcado como ideología-cultura sin poner en cuestionamiento la estructura capitalista
Hecha sintéticamente esta ampliación que reiteramos, nos corresponde, y volviendo al texto de“Ultra Valle” publicado en Facebook , el autor afirma que :
La fórmula de la “nueva clase trabajadora”:
• no representa una innovación teórica sólida sino un reciclaje del viejo desplazamiento desde la explotación hacia la alienación, actualizado bajo las condiciones de precarización, plataformas e identidades contemporáneas.
• en Albamonte y el PTS ese reciclaje opera como cobertura conceptual de una orientación significativamente parlamentarista y movimientista, donde la clase obrera es reemplazada por una mayoría social heterogénea y el socialismo queda relegado.
Luego “Ultra Valle” agrega a manera de conclusión de los significantes implicados en sus dichos:
“ La tarea marxista consecuente sigue siendo otra, reconstruir la unidad política del proletariado realmente existente, con todas sus formas contemporáneas, bajo un programa de independencia de clase, organización obrera y revolución socialista”
Desde la página oficial, que corresponde a la organización Política Obrera, Marcelo Ramal y Jorge Altamira, abordan otro aspecto que deja presente el manifiesto del PTS, titulado “COMO CAMBIAMOS LA HISTORIA”, señalando en él “Una estrategia de atomización política de la clase obrera”, planteo con el que también expresamos nuestro acuerdo y difundimos de la siguiente forma:
El texto del PTS en forma de manifiesto:
• Elude , definir cuál sería “el poder de la clase trabajadora y el pueblo pobre”,
• “evita la cuestión del poder y deja en claro que se moverá dentro de los términos del régimen social y político vigente.
“La cuestión a la que quiere responder el Manifiesto es lo que haría un eventual gobierno de izquierda consagrado por el voto popular, eventualmente en un ballotage, o sea con votos prestados, afirmando que :
“En el camino de luchar por un gobierno de la clase trabajadora, pelearemos junto a ellos (al pueblo) por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, la institución más democrática posible dentro de este sistema. Una Asamblea donde poner en discusión todo: qué hacer con las instituciones o cómo organizar la economía o los recursos estratégicos del país”.
Sobre el punto, la organización Política Obrera, haciéndolo desde quienes suscriben el texto crítico relativo al “manifiesto”, sostienen que: …”el contenido de cualquier asamblea de ese tipo no depende de su enunciado “soberano” sino de su composición política, que puede ser funcionalmente de derecha. El ejemplo histórico más relevante ha sido la Constituyente de Weimar, en 1919, que puso fin a la revolución proletaria en Alemania. El otro ejemplo fue Rusia, donde una Asamblea Constituyente, en 1917, rechazó el poder de los Soviets. En un cuadro revolucionario, la Constituyente puede operar, como ha ocurrido con frecuencia, como último recurso de defensa del estado burgués.
Para justificar el planteo Constituyente, el Manifiesto dice que “millones siguen confiando en el sufragio universal como la mejor forma de expresar su voluntad” sin tener presente que otros millones han desconfiado de él, eligiendo la abstención. Pero esos “millones” que confían en el sufragio y han votado por la izquierda, quieren simplemente que ésta gobierne y no que convoque a una nueva elección; que tome medidas contra el capital y que satisfaga las reivindicaciones de los trabajadores. Evitar una acción inmediata hasta que se reúna una Constituyente, sería simplemente contrarrevolucionario, porque en el entretiempo el capital ya habría vaciado las reservas del Banco Central y las tenencias en los bancos privados, los fondos comunes y hasta la Bolsa.
El Manifiesto le echa mieles de democracia a los oídos del electorado, para evitar la sospecha de que la izquierda pretenda establecer una dictadura del proletariado. Es el procedimiento utilizado históricamente por los Frentes Populares, caracterizados en el programa de la IV Internacional como un recurso último del imperialismo contra la revolución socialista.
Todo esto lleva a una importante caracterización. Un gobierno de la izquierda que ha redactado el Manifiesto, no sería un gobierno obrero desde ningún ángulo: no representa ni es un canal de la masa del proletariado del país; no tiene el propósito de adoptar ninguna medida anti-capitalista, aunque se declare como tal; explota el sufragio universal contra las masas, no como expresión de una voluntad de cambio que debe concretarse mediante una acción histórica sin precedentes; utiliza a la democracia para oponerla a la lucha de clases. En síntesis, en el caso excepcional de ganar un ballotage establecería un gobierno capitalista de la pequeña burguesía ‘pluralista’ y ‘progresista’. La hipótesis de una victoria electoral aun improbable, ha servido para que el PTS y el FITU se saquen todas las máscaras socialistas y se presenten como son – como la expresión arribista de un sector de la clase media y de la burocracia ‘pseudo combativa’, atornillada a los sindicatos semi-estatizados…”.
Desde Nuevo Curso, en tanto grupo de propaganda socialista, en todo este contexto y frente al camino viciado de la mayor posibilidad de frustración política para la vanguardia trabajadora que ensaya el PTS en abuso de su posición dominante dentro de la cooperativa electoral FITU, estimamos preciso establecer en que cuadro de situación se desenvuelve esta táctica de aparato reformista y oportunista, que explica por sí, las razones por las cuales los elementos del actual estadio de lucha de clases no se compadecen con la misma.
La catástrofe social se profundiza cada día, no hay ninguna posibilidad de mejora de las condiciones de vida y de trabajo, crecen las penurias y sufrimientos de las masas. Los despidos, suspensiones, cierres de empresas, la precarización laboral, pérdida de derechos, se combinan con el saqueo y destrucción de la economía, con la liberación de las importaciones, con el mayor parasitismo financiero, endeudamiento y fuga de divisas.
La burguesía no tiene nada que ofrecer y esto explica por qué cualquier acuerdo de clases , aun cuando el mismo se establezca con los sectores más agobiados por las características que exhibe el actual proceso crítico de reproducción del capital , bajo la forma política que le dé denominación , está condenado al fracaso. El sometimiento al capital financiero es total.
La burguesía que décadas atrás defendía su mercado, que exhibía los avances científicos y tecnológicos, la importancia de la educación y la universidad pública, la salud pública, el sistema previsional y el desarrollo de las artes, y parecía que defendía su soberanía frente a la prepotencia imperialista hoy permite pasivamente el desmantelamiento y destrucción del país.
El Gobierno de Milei no es un accidente, es la expresión de ese proceso, de esa decadencia. La Justicia y los medios de comunicación están en síntonía con sus objetivos, más allá de los accidentes y confrontaciones propios de la propia naturaleza del capital , todo lo cual va en correlación con el parlamento construido en una agencia de venta de votos al mejor postor. La burguesía no tiene nada que ofrecer. En sus manos solo podemos esperar un mayor proceso de explotación y la continuidad de relaciones opresivas.
El electoralismo es expresión de la impotencia, incapacidad, para expresar la independencia política de la clase obrera y debe ser combatido .Por ello debe combatirse desde el rechazo manifiesto , la idea de que la salida sea reordenar el peronismo y seleccionar las candidaturas para el año que viene para poder ganarle las elecciones a Milei, o empezar a formar un gran frente antiMilei, o en formar comités de apoyo electoral para un candidato, es fundamental combatir cualquier ilusión electoral, cualquier ilusión en el Congreso, estas ilusiones contribuyen al desarme político de los trabajadores, aunque se pretenda hablar en su nombre.
Para que la clase obrera pueda dirigir debe resolver su crisis de dirección, conquistando la independencia política, construyendo su partido revolucionario, que diga con todas las letras que para poder llevar adelante esta estrategia es necesaria una revolución social.
La tarea heredada de la revolución burguesa que ya tuvo su escenario de producción en nuestro territorio y determinó la ormación constitucional del Estado nacional , es construir desde el sujeto realizado a realizar esta actividad que no es otro que los trabajadores una nueva sociedad basada en la emancipación social de toda relación de explotación y opresión, una tara que requiere de la construcción permanente y desde organismos de poder obrero del programa socialista a la hora de fijar y realizar los conceptos que resulten base racional para esa nueva sociedad.
Nuevo Curso
