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LA POSMODERNIDAD EN LOS FOROS DE DEBATE

Si se busca identificar al ser humano por sus elementos esenciales , es porque se estima que ellos han variado en grado sustantivo y en manera tal ,que la propia realidad estaría indicando. que es posible advertir que existe un alto porcentaje que , se sienten más seguros estando solos que en sociedad, es decir, que existe una tendencia a minimizar la condición de sujeto gregario que antropológica y filosóficamente le destaca , por razones puramente utilitaristas, en un contexto de conflicto básicamente encuadrado en el perfil de la competencia que le abre el mercado como único espacio posible de sobrevivencia.

Este señalamiento obliga a completar lo indicado, apuntando a los contenidos negativos que subyacen en esa unidad de conducta emergente de un reordenamiento en la estructura del sujeto que avanzan en su camino hacia su objetivación , ya existente a partir de la enajenación en la que se ubica respecto de la mercancía en el proceso específico de su fetichización, que de conjunto destaca la insensibilización ante el sufrimiento de otros y un fuerte ensimismamiento en las creencias y sesgos personales que paradójicamente exacerban la autoestima por representación y no por realidad existencial y valores desarrollados en el espacio de las relaciones intersubjetivas.

Dentro de ese desarrollo, Zygmunt Bauman, se ocupó de advertir en el libro, la «sociedad líquida» que se ha generado una profunda paradoja dada porque : la pérdida de habilidades de convivencia hace que el individuo crea sentirse más seguro en su individualidad que lidiando con la incertidumbre y la vulnerabilidad de los vínculos humanos reales.

El contraste de esta situación lo marca en el plano ideológico con la estructura del pensamiento aristotélico. Para Aristóteles, el ser humano es por naturaleza un «animal político» (zoon politikon). Esto significa que el individuo solo alcanza su máxima plenitud y la «vida buena» conviviendo en la polis, ya que la comunidad es el único medio donde puede desarrollar plenamente su racionalidad y su ética.

Esta ruptura expresada en los hechos cotidianos con las matrices del pensamiento clásico tiene también su expresión en el terreno de la lucha por el poder y la conformación de la estructura que da contexto al orden social capitalista. Si prevalece como fenómeno que el individuo reconfigura y valoriza la situación de soledad como lo deseado y preferible, de inmediato la percepción de lo que defiende como libertad, no podrá ser otra cosa que la versión negativa de esa situación aspiracional del ser que no encuentra satisfacción en el orden burgués a pesar que este emergió , portando a la libertad como estandarte.

Dicho de otra manera, la defensa y la materialización en los hechos de la soledad, viene de la mano de la individualidad exacerbada y el utilitarismo, todos frutos de un mismo árbol, que es la libertad visibilizada e interpretada como libertad negativa, concepto popularizado por el filósofo Isaiah Berlin en su ensayo de 1958 Dos conceptos de libertad, para describir la ausencia de coacción o interferencias externas por parte de terceros o del Estado sobre el individuo.

Las categorías conceptuales que nos sirven como herramientas para la mejor comprensión del fenómeno y su trascendencias en el plano de la construcción de poder y la relación material de mando y obediencia , son las de fuerza social y fuerza política que operan en diferentes niveles de análisis y organizan la dialéctica de la lucha de clases desde su estructura objetiva hasta su manifestación subjetiva.

Esto último tiene relevancia si se tiene presente que en el curso de este año, se abrió un nuevo espacio de intervención política que busca concitar y desarrollar simpatía sobre la condición individual de Myriam Bregman para quien en soledad se busca conformar comités de “apoyo”, vale decir, salir de la construcción colectiva de un sujeto social que deviene en político por confluencia de intereses de los que lo integran, para introducirse en la preservación de un individuo presuntamente dotado, al que hay que apoyar y con el cual hay que simpatizar.

Esta secuencia lógico dialéctica entre la noción de fuerza social con aquella que remite a una fuerza política, muestra cómo el conflicto pasa de ser una contradicción latente (las clases en sí) a convertirse en una fuerza sociopolítica organizada -el partido revolucionario-que disputa el control del Estado.

En este sentido es necesario escuchar al sociólogo Flabían Nievas que en este contexto arroja luz sobre la situación , en su texto “Actualidad de la lucha de clases” nos dice que :
” Todo depende, en definitiva, de las herramientas que permitan analizar el fenómeno en toda su extensión. En tal sentido, si bien los historiadores burgueses se anticiparon en la descripción de las luchas de clases, el materialismo dialéctico ha hecho un aporte invaluable para entender la lucha de clases en toda su dimensión. Fundamentalmente nos permite no sólo observarla, sino —y esto es lo trascendente— observar los diferentes estadios de la misma, es decir, calibrar los rangos de actividad en que se desarrolla……
La lógica dialéctica es la que nos orienta en la resolución de lo que, para la lógica formal, es una contradicción irreductible: que algo es a la vez idéntico y distinto a sí mismo: la lucha de clases es invariante en su dinámica, discriminada por estadios, y a la vez varía constantemente en su manifestación….. Dado que la lucha de clases es una síntesis de la actividad social, la misma puede descomponerse en acciones primordialmente por los recursos (económicas), de poder (políticas) y de formas de entender y conocer (ideológicas/teóricas). En tal sentido, un desarrollo de la lucha de clases, un ascenso de la misma, implica mayores disputas por los recursos entre poseedores y desposeídos, mayores disputas entre dominantes y dominados, y una mayor deslegitimación de las formas de entender y conocer funcionales al sistema de producción/dominación vigente. Cuando la lucha desciende, no desaparecen tales disputas, ni en cantidad ni en virulencia, pero cambian los lugares de los agentes de la misma: las disputas por los recursos se dan principalmente entre poseedores entre sí y desposeídos entre sí; las relaciones de poder se mantienen firmes, pero las disputas son entre dominadores, por la hegemonía, y entre dominados, como tropa de las fracciones dominantes; y las formas de conocer y entender pierden capacidad crítica y se armonizan con el sistema de producción/dominación.

Centrándonos en esta última dimensión, la de la lucha ideológica/teórica, el ascenso de la lucha de clases implica un incremento en la capacidad de objetivación simbólica de la actividad social, mientras que el descenso conduce a la subjetivación de la misma, a la pérdida de capacidad de
entender la realidad en sí misma, de manera independiente a las valoraciones que indefectiblemente tenemos sobre ella. En otras palabras, el desarrollo de la capacidad de conocer, que es parte del ascenso de la lucha de clases, revierte en una involución de dicha capacidad en los procesos de descenso de la lucha de clases.

Así las cosas, la cuestión queda planteada por una dialéctica confrontativa que en el momento actual de su desarrollo lejos de proyectar a la tan mentada y manoseada idea de unidad de los que luchan, lleva a la presencia de un antagonismo en el hacer en la medida en que uno se apoya en la tendencia a reforzar la individualidad como centralidad, y la restante lo inverso. Así la militancia puede darse para sostener a una persona que goza de buena imagen en la población o a la inversa para construir desde la vanguardia el proceso de identificación como clase social dentro de las masas trabajadoras y dotarla de un programa que remita a la edificación de la necesaria organización partidaria.

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