El título principal del cuarto congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) realizado en febrero de 1968 es «El único camino hasta el poder obrero y el socialismo»
La celebración de ese congreso y la confección del documento al que aludimos derivó en la ruptura definitiva de esa organización en dos fracciones, un sector liderado por e Nahuel Moreno y otro que marcó un giro en las formas y los métodos de construcción de esa organización liderado por Mario Roberto Santucho.
Las apreciaciones de Moreno, y sus ajustes sobre la teoría y práctica del marxismo , lograron a pesar de sus bajas obreras a manos de las prácticas genocidas del Estados y las bandas armadas por el peronismo con y sin Perón , una continuidad en el tiempo que sobrepasa a la vida misma de Moreno , y son sus diversas fracciones las que hoy pretenden dar a la vida política, más de lo mismo , con el riesgo de una nueva frustración para la vanguardia trabajadora.
En este julio que estamos agotando de transitar, las distorsiones con las que el poder burgués domina a los explotados, se focalizaron sobre la vanguardia de los trabajadores. Esa constatación que tuvo evidencia significativa en la fragmentación que se evidenció entre los concurrentes a las marchas y cortes dispersos por el país , dejó ver con solvencia , por un lado que el orden burgués conoce de su fragilidad, no por factores subjetivos que aún en crisis de reproducción domina con significativa capacidad , sino por ser sabedor de los limites objetivos que imponen las contradicciones que emergen de la propia relación capital-trabajo y por otro que la vanguardia de los trabajadores no consigue llegar con agitación y propaganda a las masas trabajadoras.
Ese juego explosivo de factores agiganta las expresiones superestructurales de esta situación en concreto, ya que todo cuanto se hace desde las expresiones organizadas de un sector minoritario de los trabajadores no supera la equivalencia de condiciones que empantana a las fuerzas sociales y le impide al sector de la fuerza de trabajo lograr su propia expresión programática y unirse de manera concreta por sus objetivos de clases. La ausencia consciente de una visión del mundo y el sentido de la existencia específica de los trabajadores en búsqueda de su emancipación, tropieza con la táctica política generalizada de no sacar los pies del plato que sirven las pretensiones de programa mínimo , economicistas y eludir la construcción organizada del programa socialista por vía del poder obrero.
El reformismo ha sido llamado a la cancha por la propia burguesía para que cumpla su rol histórico de fuerza funcional al interés de clase de la propia clase dominante abastecida por la convicción de su posible adaptación a las necesidades primarias de los trabajadores sin resignar el orden social capitalista y las formas jurídicas del poder burgués dominante.
Para esto, la apuesta es poner el torrente de múltiples conflictos sociales en esa caja y evitar que estos signifiquen choques concretos y reales de clase contra clase confrontando sus antagonismos irreconciliables. Si para esto se hace necesario facilitarles voz y voto en su propia mesa de gestión dominante, la burguesía lo hará como históricamente lo ha hecho, aquí y en múltiples zonas del mundo, siempre con el resultado esperado de la reproducción por consenso del capital.
En ese sentido, si hay que remedar una versión de izquierda por el mismo camino que se hizo con la fabricación del actual equipo de gobierno, la superestructura ideológica dominante no escatimará esfuerzos como lo hace hoy de manera incipiente, para desviar la posible protesta social hacia las urnas con la herramienta que hoy cuaja que es la de inflar a Myriam Bregman para que sea conocida por las masas trabajadoras y deposite en ella, una opción por lo que se presenta como nuevo y es más viejo que el arroz con leche.
Sin embargo, la burguesía en tanto fuerza social y política dominante impone condiciones que el PTS parece aceptar, y a la que solo responde con el pedido de tiempo para consolidar el viraje. La tarea es sacarse de encima a sus compañeros de ruta oportunistas , de la última década, en tanto eso le da incluso la posibilidad de dejar a Bregman y a quienes le escriben los discursos y ordenan sus actos , en un aislamiento a futuro, modelo Castillo o en el mejor de los casos el de Boric en Chile, con los resultados que todos conocemos.
En este mismo més coincide un aniversario más de la desaparición en combate de parte de la dirección del PRT en un enfrentamiento en Villa Martelli durante el año 1976. Es claro que han pasado muchos años de esa experiencia de ascenso armado de la vanguardia trabajadora que puso en realidad el enfrentamiento clase contra clase. Sin embargo, lo novedoso fue el énfasis que se le ha dado a ese aniversario, en las redes sociales concentrando el enfoque en un novedoso pero no tanto, individualismo y gestión de la idealización de un líder como Mario Roberto Santucho.
Es así que nos ha tocado poder ser testigo , que propios y extraños acudieron a su dramática desaparición en enfrentamiento armado para concentrarse sobre Santucho, con formatos similares a los que se volcaron al escenario de la lucha de clases en ocasión del ajusticiamiento de Ernesto Guevara. Ocurre así que a cincuenta años del hecho, todo parece ser necesario para que la vanguardia se quede con la invocación de un héroe, y una vez más no dimensione la entidad del trabajo político que supo desarrollar el Partido Revolucionario de los Trabajadores, sobre el que no se escucha pronunciamiento alguno , y mucho menos se llama a tomar sus banderas con los ajustes que el actual estadio de lucha de clases impone.
Es curioso que en todo el tiempo transcurrido desde esa batalla en Villa Martelli y otras de la época, la continuidad de un arquitectura de construcción del poder obrero desplegada desde entonces no haya buscado continuidad hasta el presente . Pero más significativo es aún que se haya ordenado volver a los individuos y no a la organización y sus métodos de construcción política.
Tal es la entidad de la maniobra que los socios de la cooperativa electoral , han caído en la cuenta que su esquema de formato para vencer limitaciones electorales y su camino de construcción de poder carece de programa alguno y presurosos hayan debido hacer los deberes a las apuradas y en el recreo , razón por la cual han sacado a la palestra dos manifiestos programáticos para cubrir las apariencias de un programa, ignorando u ocultando que no se trata de eso ,sino de construir un programa que de contenido a la organización política de la vanguardia, objetivo para el cual esta última debe salir del estancamiento que le monta la inmediatez militante detrás de todo lo que se mueve sin saber muy bien para qué , cuando y como.
La experiencia del PRT dejó una vía de realización y un programa de desarrollo de esa lucha emancipatoria. Ese programa exige su debate por la vanguardia de las masas trabajadoras, dando las base para esa tarea puntual, desde donde construir sobre lo hecho y no inventar lo que no existe con el solo afán de poder armar un bloque de diputados más numeroso o agigantar la imagen de un muñeco modelado para la ocasión como lo es la abogada Bregman.
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