Se llama revolución permanente al proceso que no se detiene en medio camino y dentro de cuyo ciclo se destruye toda forma de opresión clasista. Nada de lo que se ve en los hechos de parte de quienes se dicen «Trotskystas», remite a esta premisa fundacional del marxismo. El etapismo de los obnubilados defensores de las etapas y la materialización de revoluciones democráticas, que encubren el verdadero planteo estratégico que no es otro que el reformismo y la pretensión de habitar con presencia significativa en la república burguesa de la autodenominada «izquierda»
Por ese motivo nos vemos en la necesidad de advertir a los cuadros militantes de la vanguardia trabajadora que todo llamado a mostrar simpatía hacia una persona y te llamen a participar de plenarios que buscan montar una candidatura para esa persona, habrá que recordar de manera necesaria que aún desde el propio diccionario, la simpatía es una inclinación afectiva que denota apoyo o afinidad hacia una causa, idea o cosa, lo que implica que te ubican en ese sitio y no como protagonista, ni autor de lo que se gesta. Eso queda para otros, con lo que la relación de mediación de la política burguesa luce en su mejor magnitud.
Sin embargo, y más allá de eso que es una situación del plano subjetivo, también hay que recordar que la historia de la lucha de clases nos deja legados, referencias conceptuales válidas para toda época donde no se modifique la relación social de producción que implica el capital. Uno de esos legados es la carta que transcribimos, siempre en nuestro único objetivo que es traer esas herramientas a la consideración de quien quiera oír y oiga.
Carta de Marx a Engels, Londres, 13 de julio de 1851. Circular de la Liga de los Comunistas
”A fin de que este partido (el demócrata), cuya traición a los obreros comenzara con la primera hora de la victoria, se vea imposibilitado de llevar a cabo su nefasta obra, es necesario armar y organizar al proletario… con sus propios jefes y su estado mayor, ponerlo bajo las órdenes, no del gobierno sino de las autoridades revolucionarias nombradas por los obreros… No deben ser apartados del camino hacia la independencia proletaria por la hipocresía de la
pequeña burguesía democrática. Su grito de guerra tiene que ser:
“¡REVOLUCION PERMANENTE!”.
Se llama revolución permanente al proceso que no se detiene en medio camino y dentro de cuyo ciclo se destruye toda forma de opresión clasista.
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