En general, cuando empleamos la palabra efeméride, hay consenso en que estamos haciendo referencia un acontecimiento notable o hecho histórico del pasado que se recuerda o conmemora en la misma fecha, pero en años posteriores.
Lo que luego recibió el nombre de “segundo tucumanazo” tuvo lugar entre el10 y el 13 de noviembre de 1970. La historia aséptica , describe lo sucedido en forma sucinta para mencionar que tras la represión policial a estudiantes que defendían el comedor universitario, se gestaron huelgas generales de la CGT con un alto acatamiento de aproximadamente el 94%, tomas de entre 60 y 90 manzanas de la ciudad y fuertes choques con las agencias represivas del Estado y el propio ejército.
Durante los días que van desde el 10 al 13 de noviembre se libraron combates callejeros desde las barricadas frente a la represión de la dictadura de Roberto Levingston.
El viernes 13 de noviembre se desarrollaron los enfrentamientos más duros, donde los epicentros de las más de 60 manzanas ocupadas fueron la sede de FOTIA, la plazoleta Dorrego y la zona Villa Alem-San Cayetano. Los duros enfrentamientos robustecieron el apoyo de los vecinos pero la represión avanzó con ferocidad, con heridos, centenares de detenidos y allanamientos casa por casa, tirando gases dentro de ellas e incluso quemando viviendas precarias. Finalmente, el Gobierno logró recuperar el control de la ciudad.
Los años 60/70 dejaron traducir una importante militancia estudiantil tucumana. En ese sentido, la resistencia del estudiantado a la dictadura impuesta el 28 de junio de 1966 por la clase dominante por vía de la gestión Onganía, marcó a la generación que la vivió, como la estructura cultural de confrontación imperativa para los que luchaban.
Sin embargo, con las “ventajas” que da una visión en el tiempo, es preciso reconocer que no fue sólo la juventud del Tucumanazo” la que sacó conclusiones de esa experiencia, sino que hay una cierta continuidad en las generaciones que se dieron a la lucha ante la necesidad de recuperar los espacios de representación anulados por el Estado genocida formateado en dictadura cívico militar. Por eso, también en el estudiantado en los años 90 hubo resistencia defensiva frente los embates de las políticas neoliberales, con especial atención a la imposición de la Ley de Educación Superior. No ocurre lo propio en lo que lleva el siglo XXI, donde a pesar que interesados formatos ideológicos hablan de “joven clase obrera o nueva clase trabajadora, lo importante es advertir como la presencia cultural dominante de la burguesía, resignifica y actualizan nuevas demandas, que no ponen en crisis al orden social capitalista en sí.
En ese sentido, el “tucumanazo”, no es otra cosa que el pasado que interpela. El camino de la conexidad estratégica entre los jóvenes universitarios y el pueblo trabajador por objetivos comunes centrados en la superación dialéctica de la sociedad del “capital”,indicado como la ruta transitable, sin perjuicio de los innumerables obstáculos que ella conlleva. Atajos o posibilidades de reformulación de lo existente dentro de sus propias estructuras, son espacios del oportunismo centrista y el reformismo vacuo e inconducente.
El siglo que transcurre superando ya su primer cuarto, deja ver que la cultura burguesa dominante ha materializado un resultado significativo. Hemos sido educados en una certeza, que incluso reproducen con esa comprensión falsa de lo verdadero, la izquierda republicana. Propios y extraños, con supuesto sustento en derechos subjetivos apelan a que existe el libre albedrio .
Asimismo, se nos explicó ,que esa cuestión era central en la convivencia social. Se nos hizo saber que el derecho de uno termina en el derecho del otro. Finalmente se nos aclaró que dada así las cosas el uso de la libertad no dejaba de dejar abierto ante la posibilidad de que ese uso no fuera conforme a las normas que, sería y será reprimido aplicando otras normas.
Sucede así que, eso de la libertad de determinación y la alegación de derechos individuales subjetivos, termina siendo una de las tantas manifestaciones de la ideología burguesa dominante entendida esta última , en sentido de instrumento formador de falsa conciencia.
Frente a esto, los cultores de lo novedoso y de las luchas por derechos, dejaron de propagandizar y difundir en la masa trabajadora, que “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal” (K. Marx (1852): El 18 brumario de Luis Bonaparte, Cap. I)
También acudiendo a la misma referencia , lo necesario en tiempo presente es aclarar que esa capacidad de hacer y ser solo permite su posibilidad y validación admitiendo que , no es libre sino la resultante de la simple voluntad de determinación consciente por un objetivo de clase que nace de las condiciones materiales que impone la producción de bienes y la satisfacción de necesidades dentro de un modelo centrado en la apropiación de valor surgido del trabajo humano asalariado y por ende, de la lucha de intereses antagónicos.
Por eso la historia es la lucha de clases, una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.
Así las cosas, queda en claro entonces para cada uno de nosotros, que la vida está presidida por una opción en la que necesariamente existimos pero cuyo contenido específico no definimos, y aún más, resistimos la identificación porque en masa nos decimos “clases medias” a pesar de que materialmente , no podemos tampoco eludir que a diario debemos vender nuestra fuerza de trabajo a quien la quiera adquirir en el mercado para apropiarse luego del valor que ella produce cuando se pone en acto.
Sumarse a la transformación social revolucionaria de lo dado y padecido o concurrir a reproducir en modo silencioso las condiciones objetivas que nos llevan a buscar sobrevivencia en los límites de una sociedad agotada parece ser el contenido real y concreto de aquello que nos pintaron como libertad de decisión.
Cada día que demoramos acernos cargo de esa determinación, y le damos naturalidad a la explotación pensando que la vida es bella a pesar de los datos degradantes que nos da la realidad fuera de los dibujos mediáticos muestran lo contrario, nuestras potencias vitales nos alejan de lo humano y nos reafirman en la alienación y la mas intensa condición de objeto.
Sucede que el miedo aterroriza , pero el capital mata sin disimulo y sin miramientos. Sucede que la tierra llora y por vivir, hay que quemar el cielo si es preciso.
En ese contexto aciertan a sobrevenir, los aniversarios de un hecho social relevante ocurrido en un proceso histórico aún no cerrado, del que se ocupan o no los actuales operadores políticos , que más allá de ello, por su entidad, nos ponen frente a una situación compleja. Por un lado aludir a él y por otro, acudir a su señalamiento como mojón del incumplimiento actual de sus objetivos y sus significaciones políticas, a pesar de que nos encontremos dentro de un orde capitalista que implica una sociedad en crisis.
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