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LOS HOMBRES DEL MOSTRADOR

El 28 de octubre de 1928 Roberto Arlt publico una de sus aguafuertes, bajo el título “el parlanchin de la confitería”, describiendo al hombre que da la lata desde el mostrador a un montón de gente que no conoce, pavoneándose en público y creyendo que los demás festejan lo que dice. La figura viene al caso, para dar cuenta en gran medida de todo lo que ha potenciado el predominio de las redes y otros dispositivos para expandir al infinito la presencia de este tipo de sujetos a casi un siglo de aquel memorable texto.

Dentro de los acontecimientos que dan cuerpo a los sucesos de esta década , se producen hechos que sin lugar a duda dan cuenta de expresiones de rebeldía frente a lo dado e institucionalizado por los Estados. En ese confuso acontecer no puede desconocerse que existen sectores de jóvenes buscan una salida en las ideas revolucionarias, haciendo que los planteos de Trotsky en defensa del marxismo tomen relevancia.
Esos presupuestos teóricos y programáticos , con intento de expresión en una organización política mundial de los trabajadores fueron demonizados durante mucho tiempo por los estalinistas, cediendo en algún sentido por la propia caída de ese régimen , pero hoy comienzan a encontrar una renovada ofensiva , desde los que se limitan a comentar los fenómenos pero nunca a transformalos . Esto último explica que el eje de cada situación donde emergen estos operadores, la cuestión se presente bajo el paraguas de “ideas para el debate”, con lo que se explica por sí mismo que lo único que se tiene en miras es debatir, confrontar ideas y nunca los emergentes de lo real existente, sin indicación adicional de la pregunta del millón ¿Adónde va el debate y quien conduce en los hechos lo debatido?

Algunos, más osados aún avanzan hacia la curiosa premisa relativa a que militar por el socialismo es debatir, como si no nos encontrásemos en una sociedad de clases y la violencia no fuera en última e inmediata instancia el modo de resolver ese enfrentamiento .
Esta expresión de un trasnochado socialismo de cátedra bajo el método del disertante y los oyentes que presuntamente interactuán cuando solo prestan curiosas orejas para defender a prioris ideológicamente ya constituidos desde las usinas burocráticas a los que se llaman a defender, pululan en la pequeña burguesía, entre las nuevas capas llegadas a la política y también entre los jóvenes que se autoperciben anticapitalistas.
Dentro de estas rutinarias expresiones, y sin salir del eje de lo que pretendimos decir , días atrás pude dar con un programa que se dio a la tarea de explicar revoluciones , barnizando todo con un eje de tipos “piolas”, jóvenes, a los que nada se les escapas y que están ahí frente a un micrófono alardeando sobre la cantidad de aprobaciones que reciben por la red, pero que frente a una simple foto dan cuenta de su preocupante altanería del desconocimiento encubriendo en un saber que niegan admitir que no se tiene. Lo cierto es que el expositor a quien se le otorga entidad por la circunstancia de tener un diploma de profesor de historia extendido por una universidad pública, tiene la inquietud de llevar una foto para ilustrar como en media hora explica y da cuenta de la revolución cubana y la emergencia del Castrismo, al estilo Billiken y el cruce de los Andes. En ese momento es donde se le ocurre hacer una pregunta dentro del formato del programa a los presentes, aclarando que los que están a la vista son tres argentinos. Presurosos todos corren a decir que se trata del Che Guevara, Rodolfo Walss , pero unánimemente enmudecen ante la posibilidad de dar nombre al tercero.Eso produce un impasse, – como diría Altamira- y el conductor que sabe que en programas periodísticos alguien alguna vez dijo que el silencio es un certificado de pobreza, corre a decir, “esperen , esperen, ya sé: El tercero es Natalio Botana , con lo que instaló un desconocimiento en triple fase. Botana no era argentino sino uruguayo. Murió en Agosto de 1941 , es decir , dos décadas antes del proceso revolucionario en Cuba y el sujeto de la foto era Jorge Massetti, quien estuvo a cargo de la creación y gestión de la agencia de noticias Prensa Latina , quien adhirió a la revolución luego de haber entreistado al Che en la Sierra Maestra y más tarde desapareciera en la selva Salteña siendo por entonces conocido como Comandante Segundo, malogrado en la tarea de construir el primer asentamiento de la guerrilla del Che.

La anécdota sierve para comprender de que hablamos cuando acudimos a la necesidad de la educación revolucionaria, que en ningún caso implica la asistencia a una escuela de cuadros, sino una determinación individual en la construcción de nuestra identidad en referencia directa a la revolución necesaria y desde ese objetivo colectivo asumir la responsabilidad de serlo, aún siendo víctima de las mismas tareas , imposiciones y condicionamientos que nos construyen las relaciones sociales capitalistas.

No se trata de saber contestar preguntas, se trata de abandonar la idea del sabe todo que no sabe nada y que en definitiva sabe que su error no trasciende en daño porque en última instancia es más importante ocupar un espacio en un medio que trabajar para que se genere algo de lo que se habla pero no se permite pensar como posible.

Esto ocurre no solo en los medios, también sucede con los presuntos académicos universitarios, que hablan de revolución pero están más ocupados en ver como preservan la cátedra, como consiguen méritos institucionales en ese sentido y como ganan fama como opinólogos disertantes ante el auditorio que fuese, siempre en el afán de publicitarel último libro que escribieron , hacerle el kiosco al amigo que luego hará lo propio con él y viajar, para retornar y contar a ¿”a dónde va Francia”?

Si no nos sacamos esto que en algún momento fue necesario para sostener embates de todos los colores pero hoy deviene en un parasitismo significativo, es difícil adentrarse en la construcción de un rumbo que se baje de la ruta del reformismo y la naturalización del capitalismo , y en paralelo ascienda al sendero que construye el camino del cambio revolucionario, el poder obrero y el programa socialista.

Hoy en Argentina hay una cooperativa de profesores, que editan textos ingeniosos pero que nacen viejos porque simplemente se dedican a reproducir la idea del socialismo en un solo país, dejando abierta la posibilidad de reeditar la apología de Stalin , pese a que la historia “no lo absolverá” sin necesidad de penetrar en los datos económicos y las relaciones sociales, aterrorizada por la continuidad en el tiempo de los crímenes de esos regímenes. “Argentina 2050” no es otra cosa que un proyecto de planificación Stalinista , dentro de una estructura capitalista marcada por la concentración de la riqueza y el dominio del poder burgués.

Sin embargo, a esa gente no le faltan socios dispuestos a sumarse al coro de los que atacan a Trotsky utilizándolo como la razón de todos los males y advirtiendo que la posibilidad de su emergencia indica un camino a la nada, por la simple razón de que sus planteos no se verifican en el hoy. Algunos como Ezequiel Gil Lezama eligen un aniversario de su asesinato para decir, que bueno, que en algún momento pudo haber sido indicador de lo verdadero y certero para Rusia, pero que hoy está definitivamente muerto, sin explicar por qué si ello es así, le dedica tanto tiempo de sus haceres a “fustigarlo” justo desde un sitio donde se pontifica que se trata de una “herramienta para el debate”, siendo que según sus dichos estaría debatiendo con un muerto.

El artificio de matriz stalinista, no es otro que confundir al sujeto Trotsky y su producción en defensa del marxismo , tras haber conducido la toma del poder y la construcción del poder obrero en una realidad y no en clases para alumnos que solo buscan aprobar una asignatura para dar con un título que les de alguna posibilidad dentro del capitalismo, con los grupos a los que identifica como “trotskistas”

Instalados en ese esquema , lo que sigue es acudir a lo que dicen los “trotskistas” , donde indudablemente las cosas se facilitan pues, no debaten con aquel a quién llaman a matar intelectualmente, aunque haya fallecido ya hace tiempo , sino con los “istas”, dando por cierto que estos serían unos simples reproductores de aquel.

El punto concentrado de los cultores de la caducidad de Trotsky por vía de criticar a los “trotskistas” esa asegurar la inutilidad actual de la teoría de la revolución permanente. Sin embargo y luego de emitir sentencia, los jueces se ocupan de no responder a lo fundamenta , que es la pregunta concreta respecto a qué clase social entonces, sería el sujeto social de la lucha revolucionaria. Este silencio sin embargo, deja ver corriendo el velo de la verborragia, que cuanto proponen es que ese rol lo juegue, la burguesía democrática y la pequeña burguesía , quienes encabezarían la revolución, con el apoyo del movimiento obrero, tesis largamente desmerecida por la historia de lucha de clases en el contexto del estado Argentina.

Sin embargo ,hay que decir que el uso del término “trotskistas” tiene una marca de fábrica que no se explicita. En 1923, la Oposición defendió que la economía soviética necesitaba acelerar el ritmo de industrialización, financiándola con el impuesto sobre los kulaks. Por el contrario, la troika (Stalin, Kámenev y Zinóviev) era partidaria de hacerles conce siones a expensas de los campesinos pobres y los trabajadores. Esta política aumentó dramáticamente las diferencias de clase en el campo y permitió a los kulaks concen trar en sus manos cada vez más riqueza. Más tarde, Bujarin recomendaría a los kulaks: “¡Enriqueceos!”. Las cosechas mejoraban, pero los kulaks se llevaban la parte del león. La industria se quedaba rezagada respecto a la agricultura, y con ello “lo cual socava la unión entre la ciudad y el campo y conduce a una rápida diferen ciación de clase entre los campesinos” (Plataforma de la Oposición de Izquierdas, en La oposición de izquierdas en la URSS, p. 51.)

Dadas así las cosas, el término trotskismo no nació como una autodenominación de sus propios partidarios, sino como una etiqueta peyorativa creada por sus rivales políticos dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética y la Tercera Internacional (Comintern) durante la década de 1920.

Tras la muerte de Vladimir Lenin en 1924, los sectores liderados por Stalin comenzaron a utilizar el término «trotskismo» para estigmatizar a Trotsky y a sus seguidores, presentándolos como una desviación o una herejía frente al «marxismo-leninismo» oficial. De forma similar a como en el pasado surgieron términos como bakuninismo, la palabra se acuñó desde la crítica para descalificar una postura disidente.
El origen del concepto político estuvo ligado a la oposición de Trotsky a la teoría del «socialismo en un solo país» defendida por Stalin. Mientras Stalin proponía consolidar la revolución dentro de la URSS, Trotsky mantenía la teoría de la «revolución permanente», argumentando que el socialismo no podía subsistir de manera aislada en una sola nación y que requería la extensión internacional de la revolución, especialmente en Europa.

Con el tiempo, aunque nació como un insulto o etiqueta de sus adversarios para conseguir apartarlos del leninismo, los propios seguidores de Trotsky adoptaron y reivindicaron el término para identificarse como los continuadores legítimos de la Revolución de Octubre de 1917 y de la oposición al estalinismo.

Sin embargo, esos propios seguidores gestaron en los hechos lo que luego se conoció como Trotskysmo de Yalta. Designando al conjunto de las organizaciones y corrientes que se reivindicaron de la Cuarta Internacional tras el final de la Segunda Guerra Mundial y el orden mundial fijado en la Conferencia de Yalta (1945).Estas corrientes (lideradas históricamente por figuras como Michel Pabló, Ernest Mandel, Nahuel Moreno, Pierre Frank, entre otros) sin embargo y en los hechos se apartaron de Trotsky mostrando con ello su incapacidad para formular una estrategia revolucionaria independiente frente al reparto del mundo entre el imperialismo (EE. UU.) y la burocracia estalinista (URSS).oscilando de manera oportunista hacia el reformismo y al estalinismo, por lo que tendieron a adaptarse, presionar, diluirse o subordinarse a direcciones nacionalistas burguesas (como el castrismo en Cuba, el peronismo en Argentina .

Esa y no otra es la crisis de dirección sobre la que hacemos hincapié en tiempo presente. Su presencia no es un hecho caído del cielo, sino la resultante en el tiempo del juego de todas estas aproximaciones ideológicas que producen en la historia de lucha de clases, una falsa conciencia de lo verdadero en la propia vanguardia de clase que lucha por la emancipación de los trabajadores. Sin resolver esta cuestión de esclarecimiento necesario, no es posible pensar en que las prácticas cotidianas de confrontación de intereses, aun cuando se muevan en el estadio más bajo de la lucha de clases, puedan trascender hacia una fuerza política , de realización autónoma, con programa y organización determinado por el imperativo emancipatorio que Marx dejó planteado en el propio Manifiesto del Partido Comunista.

Es el deber de todo militante que se determine por ese particular contexto existencial y su ubicación en el proceso revolucionario no dar nada por sentado sin juicio crítico, y en igual medida, prepararse teóricamente para las grandes tareas a las que nos enfrentamos. La teoría no es algo que los “intelectuales” que pululan en la universidad y adyacencias, dejen en un plato.

Todos estamos en un tiempo complejo, que no admite explicaciones simplistas , por ese motivo debemos individual y colectivamente prepararnos y educarnos en las ideas, los métodos y las tradiciones del marxismo. Los escritos de Marx, Lenin y Trotsky no son textos bíblicos, pero se nutren y han nutrido , las lecciones vivas de la experiencia de más de siglo y medio de lucha de la clase obrera.

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