Desde que la realidad se disoció de su función primaria que es nutrir de verdad a las ideas y las ideologías pretendieron decirle a lo real como debe ser, es siempre posible encontrar cultores de un camino que conduce a la nada, que no es otro que aquel que busca cotejar la idea diseñada por fuera de lo real con otra idea en sí, que es el valor justicia.
De la forma descripta, ocurre que lo que se construye ideológicamente como lo justo, no es otra cosa que lo que el discurso de sentido común reputa como verdadero. Desde ese desvío del entendimiento es posible que un político diga que de gobernar su primer medida sea un “salariazo” y luego genere una hiperinflación con un paquete económico.
La persistencia en el error desde su génesis que desprecia lo real por lo que cree verdadero, la política burguesa hace estragos en la vida cotidiana de los explotados y oprimidos a los que seduce transitoriamente con herramientas de ese tenor.
Lo nuevo, lo que sorprende es que ahora, el fenómeno descripto lo protagoniza y con pasión, aquello que supimos conseguir desde 1983 a la fecha bajo un rótulo también difuso democracia y socialismo, y sus mentores apuntan a transformarse en aprendices de brujos manejando escobas que supieron nacer allá a lo lejos y en el tiempo.
No hay nada mejor para lo viejo que presentarse como lo nuevo. De eso saben quienes merodean y frecuentan.
