Nuevo Curso

Agua y comida ,“en lo más implacable de la noche”

Casi en forma mayoritaria se suele referir que Maria Antonieta la dijo cuando la gente clamaba por pan, pero al parecer lo cierto es que la frase apareció por primera vez en el libro autobiográfico «Confesiones» del filósofo Jean-Jacques Rousseau. Allí es que , el autor recuerda que una «gran princesa» anónima sugirió que el pueblo comiera brioche (un pan de lujo con manteca y huevos) al enterarse de que no había pan.

La colmena es una novela del escritor español Camilo José Cela, Premio de lade las letras Príncipe de Asturias 1987 y Premio Nobel de Literatura 1989, publicada en Buenos Aires en 1951. En España no se publicaría hasta el año 1955, por oposición de la censura franquista.

Escrita entre 1945 y 1950, la acción de la obra se desarrolla en Madrid a lo largo de unos pocos días del mes de diciembre de 1942; concretamente de dos y de un tercero, tres o cuatro días más tarde, en el que se sitúa el final de la novela. Una ciudad, el Madrid de la inmediata posguerra, captada en sus aspectos más sórdidos y poblada por unos personajes en su mayor parte desgraciados.

La leí muy a las corridas y sin entender mucho, porque a la profe de literatura, esa vieja flaca de la que hoy me arrepiento de no haber oído lo suficiente y lamento que ella lo intuyera o tal vez intuyera demasiado y advirtiera mis dificultades para poner en texto lo que pienso , a esa profesora que amaba lo que hacía, se le ocurrió reprimirme con lo que pensaba me iba a poner en lugar, que para ella era , que fuera ordenado y consciente, tarea en la que no fue la única que fracaso pero insisto , cuanta razón tenía.

Ayer rumiando bronca ya demasiado masticada, por tantos años en esto de advertir , sobre lo que implican las cárceles, los funcionarios, empleados y no se de que otra forma mencionar a los del servicio penitenciario, por ser todos ellos los émulos berretas de aquel personaje Atila de la película “Novecento”, me fui a dar vuelta buscando algún refugio frente a los hechos de los peores, los intelectuales orgánicos del poder esos que por un tiempo serán ministros o secretarios de área y piensan que la vida es eterna y que permanentemente eso de dar órdenes y tener un tipo que maneje un auto por ellos los convierte en diferentes y los habilita a pensar que todo se explica si de lo que se trata es de vender que una cárcel es algo del orden natural, tal natural como la planta que riego todos los días puesta en una ventana por donde miro algo que no es otra cosa que la nada con forma de ladrillo, me fui silbando bajito para lo de unos libreros, esos que son parecidos a los osos del polo norte , porque están en extinción recordando que uno de ellos me había dicho que encontró una antología personal de poesías de Idea Vilariño y ahí me encamine para ver de que se trata, me dijo que el título de es obra era “ En lo más implacable de la noche”.

Cuando caminaba y reconociendo impotencia que se transformaba en chicle para masticarla hasta llegar, me preguntaba si no es algo relativo eso de que la noche puede ser implacable, que lo es , pero como la afrontan distinto los desiguales, porque si algo hay de cierto en esta vida es que nos tienen en desigualdad después de habernos dichos que somos iguales por la sola condición humana que detentamos.

Por fin , hojeando el pequeño libro, leo en la pág. 81:

No hay ninguna esperanza
de que todo se arregle
de que ceda el dolor
y el mundo se organice.
No hay que confiar en que
la vida ordene sus
caóticas instancias
sus ademanes ciegos.
No habrá un final feliz
ni un beso interminable
absorto y entregado
que preludie otros días.
Tampoco habrá una fresca
mañana perfumada
de joven primavera
para empezar alegres.
Más bien todo el dolor
invadirá de nuevo
y no habrá cosa libre
de su mácula dura.
Habrá que continuar
que seguir, respirando
que soportar la luz
y maldecir el sueño
que cocinar sin fe
fornicar sin pasión
masticar con desgano
para siempre sin lágrimas.

Pensé en ese momento, que si una funcionaria dice por los medios que lo que sucede en Recreo -Santa Fe , donde acaban de inaugurar una mazmorra, es normal y sucede cada vez que se hace un traslado de detenidos y que la gente no comprende que la seguridad de la población lo exige, siendo que lo que se denuncia es que las personas allí depositadas , toman agua del inodoro y les dan de comer algo que no saben bien que es, y que vuelcan en sus manos con un jarrón porque no hay ni platos ni cubiertos, y si a eso le agrego que unos días antes el gobernador dijo que le podía contento inaugurar una nueva cárcel, tal vez suceda que tenía razón Idea Vilariño.

Sin embargo, como si estas en un río correntoso que no dominas, y repentinamente alguien te tira una soga y consigue traerte a la orilla segura , en la mesa de libros usados y viejos, veo un ejemplar de “La colmena”, como perro en la perrera esperando que alguien lo adopte.

Por estar dentro de esa sensación me lo lleve, y lo volví a transitar sobrevolándolo y logrando que se me abrieran los recuerdos, pero lo que no recordaba era este final:

«La mañana sube, poco a poco, trepando como un gusano por los corazones de los hombres y de las mujeres de la ciudad; golpeando, casi con mimo, sobre los mirares recién despiertos, esos mirares que jamás descubren horizontes nuevos, paisajes nuevos, nuevas decoraciones. La mañana, esa mañana eternamente repetida, juega un poco, sin embargo, a cambiar la faz de la ciudad, ese sepulcro, esa cucaña, esa colmena… ¡Que Dios nos coja confesados! »

Daniel Papalardo – Colaboración para Nuevo Curso