Los acontecimientos de masas que se viven en nuestros días tienen en la búsqueda de sus significantes y el contenido concreto de las acciones individuales y colectivas, muchas aristas e incluso dejan abierta la posibilidad de habilitar legitimación social para el repudio de y por las mayorías, hacia quienes no se determinan por la opción legítima de no plegarse a los festejos.
Si se busca en el cine una aproximación al fenómeno al que aludimos, por sus apariencias, la película UN DÍA MUY PARTICULAR, dirigida por el maestro del cine Ettore Scola. Estrenada en 1977, y protagonizada por Sophia Loren y Marcello Mastroianni, se acerca en plano de apariencias, a lo que en estos días se puede ver en las calles argentinas , en particular en cuanto concierte al imperativo categórico de determinarse individual y colectivamente a ganar las calles en masa y ubicar la mirada sospechosa sobre quien no lo hace, que hace posible que durante el tiempo transcurrido desde el ascenso del equipo de operadores políticos que gestiona el poder burgués formal desde fines de 2023 hasta hoy se hable del ascenso del fascismo, gran parte de la izquierda del régimen republicano alerte de esas circunstancias, y tras unos cuantos partidos de fútbol, el exitismo borre esa percepción y deje bajo la misma bandera a justos y réprobos, luciendo eso sí la camiseta del seleccionado, que borra fronteras de clase, de género y todo lo que uno se pueda imaginar. No faltan incluso los videos de los candidatos del FITU siempre en campaña recordando la gesta de Malvinas, cuando si se mira bien, la actuación de esa “izquierda” no fue de lo mejor en aquellos años y se le debe a la clase trabajadora una visión autocrítica de lo ocurrido por entonces.
A fuerza de ser objetivos, en nuestro caso, no parecen ser muchos los Marcello Mastroianni ya que lo que se percibe es oportunismo demagógico en alta performance, ilustrativa de la deriva programática que tienen los que hoy llaman a gritos a una pretendida “nueva clase obrera”, que al parecer deberá permanecer en los discursos nacionalistas formales reivindicativos de una soberanía sobre Malvinas que nuevamente viene a tapar el hambre, la miseria y los escenarios de marginalidad propios de la pauperización creciente de las masas trabajadoras sumidas en la caída del salario, la precarización y el desempleo.
Sin embrago, y por fuera de lo señalado hasta aquí, la cuestión tiene interés también en un aspecto que debe ser resaltado: La espontaneidad de los encuentros callejeros y la ausencia de dirección consciente en esas circunstancias, salvo la sola referencia permanente de la bandera celeste y blanca con un sol en el medio.
En ese punto , las sitiuaciones que se han dado parecen remitir al imaginario artístico de Leonardo Favio , en particular en sus películas “Perón Sinfonía de un sentimiento” y “Gatica el Mono”, aunque hasta ahora , nuestro Gatica versión fútbol siglo XXI se parece más a Carlos Monzón , si se juzga por su épica y su vocación de luchar hasta el fin , aunque se trague una piña de Bennie Briscoe que lo deja grogui , pero luego impuso el récord asombroso al lanzar 178 golpes en apenas tres minutos para ganar la pelea.
También hubo escenario de fiesta como en el presente, en aquella vez con localía argentina , cuando los militares genocidas armaron la fiesta en 1978, ocultando los campos de concentración, la desparición de personas, los ajusticiamientos y las propias villas miserias con urgentes paredones invisibilizadores , aunque también ahí estaba la celeste y blanca y la gente saltando frente a los integrantes de la junta genocida en los estadios y en las calles.
Sin embargo a fuerza de ser sinceros, hay que recordar que hubo un tipo que no vino por estos lados, siendo el Messi del momento y su equipo un probable candidato a ganar el torneo del oprobio y la deshumanización al estilo hitleriano. Se llamo Johan Cruyff, y hay que reivindicarlo, porque hoy, hasta ese gesto de dignidad se pretende disfrazar con otros argumentos, tal como es el estilo de anacronismo dominante de nuestra época.
El mundial 1978, también paso por su expresión cinematográfica como parte del aparato ideológico que le sirvió a la dictadura para prolongar su dominio sobre las masas de trabajadores explotados y oprimidos. Se acudió entonces a Sergio Renan que había ganado mérito por su película La Tregua, merecedora de un Oscar y basada en una memorable novela de Mario Benedetti.
En ese caso, como parece emerger ahora, se pensó en vencer los antagonismos de clase y se puso en acto la idea de “La fiesta de todos”. Sin embargo, en eso del empleo de la idea de una fiesta, quien mejor supo poner en realidad el tema fue Joan Manuel Serrat quien atinó a decir con forma artística , lo siguiente:
Gloria a Dios en las alturas
Recogieron las basuras
De mi calle, ayer a oscuras
Y hoy sembrada de bombillas
Y colgaron de un cordel
De esquina a esquina un cartel
Y banderas de papel
Verdes, rojas y amarillas
Y al darles el Sol la espalda
Revolotean las faldas
Bajo un manto de guirnaldas
Para que el cielo no vea
En la noche de San Juan
Como comparten su pan
Su mujer y su gabán
Gentes de cien mil raleas
Apurad
Que allí os espero si queréis venir
Pues cae la noche y ya se van
Nuestras miserias a dormir
Vamos subiendo la cuesta
Que arriba mi calle
Se vistió de fiesta
Hoy el noble y el villano
El prohombre y el gusano
Bailan y se dan la mano
Sin importarles la facha
Juntos, los encuentra el Sol
A la sombra de un farol
Empapados en alcohol
Magreando a una muchacha
Y con la resaca a cuestas
Vuelve el pobre a su pobreza
Vuelve el rico a su riqueza
Y el señor cura a sus misas
Se despertó el bien y el mal
La zorra pobre al portal
La zorra rica al rosal
Y el avaro a las divisas
Se acabó
El Sol nos dice que llegó el final
Por una noche se olvidó
Que cada uno es cada cual
Vamos bajando la cuesta
Que arriba en mi calle
Se acabó la fiesta
Hoy todo remite al lunes cuando se acabe la fiesta. Lo sucedido y por suceder hasta ese momento, ha hecho salir de la tumba al peor nacionalismo y trae a cuento el reclamo de Malvinas, entonado por todos , sobre todo por quienes no tuvieron oportunidad de padecer aquello y en particular porque al mismo tiempo la burguesía se mete directamente , utilizando formas jurídicas con las propiedades de inmuebles que trae consigo consecuencias urbanas centradas en el negocio inmobiliario y la reducción en los hechos de cualquier expectativa social, que alguna persona de la masa trabajadora pueda tener especto de entrar en posesión de una vivienda digna.
Cualquier película de gánster puede servir para dar cuenta de este último fenómeno en el que luego de abrirse el pecho por Malvinas, el Senado debate el proyecto de «Inviolabilidad de la Propiedad Privada» impulsado por el Gobierno de Javier Milei que busca eliminar los límites a la compra de tierras rurales por parte de extranjeros y desregular el uso de áreas incendiadas.
Finalmente, no deja de ser curioso que exista en el aparato de construcción de discurso dominante, uniformidad por poner en juego Malvinas. En un caso para tapar el reclamo o darle forma de lo que actualmente pretende la geopolítica sobre esas tierras, o lo inverso, es decir, por hacer explicita la demanda de restitución de soberanía. En ese sentido, cuesta entender la versión social patriota de los renegados de la defensa que Trotsky hizo en su tiempo del marxismo y sus categoría de análisis de los fenómenos sociales que pone en juego la lucha de clases, quienes hablan de soberanía tal como si se trataran de militantes peronistas.
Hay ausentes en todo esto que no dejan de ver que la bandera del nacionalismo formal que hoy se exhibe a los cuatro vientos, traduce en los íconos que también se venden como mercancías, las camisetas. Se canta como se puede “alta en el cielo” en devoción al ícono fetichesco, pero en la tierra el lunes , la única realidad será la verdad de la opresión y la explotación capitalista y una sola alternativa flameara con el color de la sangre de un pueblo postergado : socialismo o barbarie.
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