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ARDERA EL VIENTO

Un incendio en una vivienda de barrio Nuevo Horizonte desató un escándalo: lo que parecía un siniestro doméstico terminó destapando un hogar clandestino donde mantenían a personas vulnerables sin comida, encerradas y sin asistencia.

El fuego se originó en un colchón de una habitación. Al evacuar a los ocupantes, uno de ellos confesó haberlo provocado intencionalmente. Héctor, de 63 años y amputado de ambas piernas por diabetes, dijo que ya no soportaba la situación: «Para llamar la atención, que venga algo. Porque si no acá íbamos a morir todos», reveló.

En el mismo momento, contó que fue derivado allí desde el Hospital Iturraspe por una asistente social que le prometió «mejores condiciones», pero se encontró con encierro y abandono.

Hasta ahí llega la noticia y lo reseñado es una surte de estándar del tratamiento periodístico que recibió el hecho y tal como ha sido difundido por diversos medios

También es cierto que esto sucede y que en particular, el énfasis que se pone es en los ribetes penales del caso, su tratamiento por las diversas agencias represivas del Estado al que se le suma un condimento de discurso moral con la intención de dotar de humanidad a lo que se describe como inhumano.
Lo concreto es que se centraliza en el discurso penal , la cuestión se posa en el sujeto activo de la acción que por omisión y desarrollos de conducta positivas se aprovechan de la condición de vulnerabilidad de una persona en particular por su edad, y abusa de la apropiación de sus magros ingresos por pensiones o jubilaciones y posibilidades de recepción de prestaciones de servicios sociales.

Lo que no se dice, es lo reiterado y creciente del fenómeno que deja ver la absoluta incapacidad del discurso represivo para dar respuesta superadora a este tipo de fenómeno.

El árbol que tapa el bosque» (o «no dejar que los árboles no dejen ver el bosque») es un conocido refrán que significa perder la visión general de un problema o situación por prestar demasiada atención a los detalles pequeños o a un solo aspecto menor. Tal vez sea esa locución , la que más se acerca a la situación , en la medida en que el repudio , la denuncia ocasional, mediática y reproductiva, no pone superación a lo dado, sino reproche penal y moral por lo advertido.

Subyace el escenario de la miseria, la vulnerabilidad, la indigencia y su fuente generadora, que no es otra que la relación social de producción que implica en sí, el capital. Subyace que, para la reproducción de esa relación , existe en la relación misma el Estado en tanto aparato institucional que constituye con formas jurídicas, la dominación de clase y los intereses específicos de apropiación de valor creado, por parte de la burguesía en tanto clase social dominante.

Son estos escenarios de la indigencia y la vulnerabilidad, lo que más allá de la intención específica de los autores que lo producen de modo directo, los que dan referencia de lo real, que excede a todo discurso y marcan una vez más que las palabras son instrumento y nunca la escencia de lo concreto. Se pueden visitar todos los pisos de los canales de televisión, los estudios de radio . Se pueden financiera todos los sitios virtuales que sean imaginables, pero todo ello no puede evitar, impedir y mucho menos superar lo real existente de lo que forma parte como eslabón de una cadena sin fin lo sucedido en este incendio intencional.

Héctor, de 63 años, en acción desesperada dejo escrito nuevamente que “ardera el viento”. Enseñan en las facultades de derecho circunspectos profesores que es posible determinar en toda acción una determinación final en el sujeto y que desde allí se habilita la producción de un juicio de responsabilidad. Lo que dijo Héctor y todos los Héctor es que no puede más, no por las implicancias de los designios de unos perversos concretos, sino por las significantes de un orden social que está en crisis y que sin embargo, se pinta los labios para salir a escena cada cuatro años proponiendo “nuevas opciones” y una telaraña de culpas, envidias, traiciones, rivalidades. A todas ellas hay que decirles: Las cosas que creemos estáticas pueden moverse. La entrega de corazón hacia el poder obrero y el socialismo es la estrategia de la mente en acto, el asombro y la exigencia.

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