La moderación desde la apreciación más general de ese significante , puede ser vista sin mayor debate como la acción de evitar los extremos, los excesos o la exageración, buscando siempre el equilibrio, la mesura y la cordura en las palabras, las acciones o las opiniones.
Desde esa perspectiva ¿ Qué son las formas jurídicas sino la búsqueda de moderación en las relaciones sociales por vía de las leyes que el Estado coloca en la vida social, luego de legitimar su validez por el dictado de las mismas siguiendo un procedimiento parlamentario fijado por la Constitución Nacional.
Luego, si una persona hace de su existir , la forma profesional de vida propia de un abogado o licenciado en leyes, puede decir con honestidad a los cuatro vientos y escribir libros bajo el paradigma “moderada jamás”. Que le sucede a la abogada Bregman cuando incursiona en los proceso donde se saca fotografías, o en sus seminarios en la facultad de derecho , actúa o no con la moderación que le imponen esas formas .
En el señalamiento de este fenómeno, surge el interrogante ¿Por qué la determinación final de nuestros actos está marcado por la vocación de liderazgo? ¿Por qué, la formación del discurso de sentido común se orienta en esa dirección, siendo que ese discurso es la materialización ideológica del poder burgués que se sustenta en relaciones de producción que explotan y oprimen al sujeto que se incorpora en una relación de oferta de su fuerza de trabajo, sin posibilidad de determinación alguna sobre lo que produce y mucho menos de su apropiación?
Sin duda la construcción de la trampa ideológica de la noción de liderazgo y su tránsito práctico en las acciones humanas dentro de un colectivo o comunidad , es hoy un imperativo categórico de la época. A tal punto que quienes se dicen negadores de lo dado y llaman a los demás a la superación de lo existente, no dudan en exhibirse como tales y en requerir del otro, solo un juicio emocional de simpatía con lo que el liderazgo se consolida y todo eso se hace en nombre de “una sociedad mejor y menos injusta”.
Tal vez el principio de respuesta a todo este derrotero que contiene en sí un desatino producto de la emergencia necesaria por el voto, que tiene todo oportunista pregonero del cretinismo parlamentario, se viene escribiendo desde hace mucho, pero con muy mala difusión, en tanto los aparatos ideológicos de los que hoy son tan devotos esos oportunista , se ocuparon de ocultarlo o tergiversarlo.
En este sentido , y este es el propósito final de este breve texto, buscando propagandizar por qué hay que luchar contra este armado del reformismo en su expresión más decadente de cooperativa electoral devastada por la materialidad frustrante de sus embustes contra la realidad , volvemos a traer a cuento una parte de lo señalado por Ernesto Guevara , en el texto “el socialismo y el hombre nuevo…”.
En ese texto , surge la dirección correcta que traza el comandante revolucionario, ocupándose del problema en sí y señalando con precisión:
“Lo difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la revolución, es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes……En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En esta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de la comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de la vida, va modelando su camino y su destino…..Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que este se percate. Solo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller —verídico o no—, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos”….
No existen las “rusas”, ni “las zurdas”, ni las que nunca jamás son “moderadas”, cuando en realidad lo han sido en gran parte de su vida. Existen los sujetos portadores por su condición material de vida de un paradigma civilizatorio superior que es la necesidad de vivir por su emancipación como miembro de una clase social explotada y oprimida. En ellos y desde su vulnerabilidad existente no nace la noción de liderazgo, sino su inversa, la de integración y determinación de voluntad común en la organización de la forma partido que de manera colectiva se nutre de esas vulnerabilidades y las proyecta superadas en plano de conciencia y acciones desde la construcción del programa socialista y el poder obrero.
Tal vez, la forma en que un padre se dirige a su hija en el cierre de la película colombiana EL POETA dirigida por Simón Mesa Soto, donde lo que se exhibe son las lágrimas que reflejan honestidad y compromiso de cambio, sea otra manera de comprender las directrices humanas por donde se gesta la transformación socialista, alejada de mesas de presentación de libros o actos con luces posadas exclusivamente sobre la mercancía en la que se convierte a un sujeto “adjudicándole un liderazgo”:
“Heme aquí,
un hombre anticuado,
dinosaurio,
portador de agravios,
merecedor de condenas.
frágil soñador.
Más no pierdan su fe
en este poeta triste
que está intentando escribir
un poema feliz”
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