Nuevo Curso

CONTRA EL PLASTICO DE LA CAMPAÑA ELECTORAL, PUEDEN VOLAR LAS ALAS DE COLIBRÍ.

Cuando con caras siempre sonrientes o con enojos bien actuados, exhiben deseos explícitos o no y a la vez proclaman por sí mismas, presuntos objetivos, hay certeza que danzan los candidatos.
Cuando te dan la mano, te abrazan ante cámaras, para no verte nunca más cuando cierra el escrutinio, danzan los candidatos,
Cuando de pronto te notificas que inventaron en el siglo XXI derechas e izquierdas como resucitados Girondinos y Jacobinos de una imaginada revolución democrática, diversa de la real en la que ya habitamos por cientos y cientos de años, ocultando La Comuna de París, Octubre Rojo, La larga marcha, Santa Clara, Managua, Saigón, etc., hay certeza que danzan los candidatos.
Para no perder la paciencia, esa que invoca Lenin para toda práctica de propaganda de ideas hecha programa de partido revolucionario, acudimos a la poesía y el canto, que no es otra cosa que un hombre más poniéndonos en la sintonía del amor a la humanidad y llamándonos a sacar toda esa hojarasca de la existencia y ponerle los cimientos a una nueva sociedad gestora de un nuevo hombre.

ALA DE COLIBRÍ
Hoy me propongo fundar un partido de sueños,
talleres donde reparar alas de colibríes.
Se admiten tarados, enfermos, gordos sin amor,
tullidos, enanos, vampiros y días sin sol.

Hoy voy a patrocinar el candor desahuciado,
esa crítica masa de Dios que no es pos ni moderna.
Se admiten proscritos, rabiosos, pueblos sin hogar,
desaparecidos deudores del banco mundial.

Por una calle
descascarada
por una mano
bien apretada.

Hoy voy a hacer asamblea de flores marchitas,
de deshechos de fiesta infantil, de piñatas usadas,
de sombras en pena -del reino de lo natural-
que otorgan licencia a cualquier artefacto de amar.

Por el levante,
por el poniente,
por el deseo,
por la simiente.

Por tanta noche,
por el sol diario,
en compañía
y en solitario.

Ala de colibrí,
liviana y pura.
Ala de colibrí
para la cura.
(Silvio Rodríguez)

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