Nuevo Curso

Odio y asesinato, hambre y Sangre. Las claves del capitalismo en crisis

La historia del mundo, que parece solo un momento insignificante en la balanza del tiempo, para nosotros lo es todo! , en tanto no se este en él solo para transcurrir o transitar.
A la inversa, mientras el sentido último de la existencia sea y siga siendo en la medida en que no se lo conquiste la construcción de una nueva sociedad y el escenario para que el ser humano libre de toda cadena pueda desarrollar sus capacidades productivas , hay una sola actitud que le asigne trascendencia al existir: La lucha.

Se acaba de conocer un breve texto que ha obtenido traducción al castellano, en el que un joven León Trotsky enseña y desmiente jugando al anticipo, a todos sus negadores en vida y a los actuales, que artificiosamente se dedican a denigrarlo por vía de los que arteramente se dicen sus seguidores.
En ese texto es posible leer lo siguiente: Mientras respire, lucharé por el futuro, ese futuro radiante en el que el hombre, se convertirá en dueño de la corriente errática de su historia y la dirigirá hacia el horizonte ilimitado de la belleza, la alegría y la felicidad.
Ese pensamiento, asombrasamente o no, coincide en pleno con el ya visiblemente conocido texto al que se le adjudica la forma literaria de un testamento cuando desde Coyoacán tiempo antes de su muerte, supo dejarnos lo siguiente:

“Fui revolucionario durante mis cuarenta y tres años de vida consciente y durante cuarenta y dos luché bajo las banderas del marxismo. Si tuviera que comenzar todo de nuevo trataría, por supuesto, de evitar tal o cual error, pero en lo fundamental mi vida sería la misma. Moriré siendo un revolucionario proletario, un marxista, un materialista dialéctico y, en consecuencia, un ateo irreconciliable. Mi fe en el futuro comunista de la humanidad no es hoy menos ardiente, aunque sí más firme, que en mi juventud.
Natasha se acerca a la ventana y la abre desde el patio para que entre más aire en mi habitación. Puedo ver la brillante franja de césped verde que se extiende tras el muro, arriba el cielo claro y azul y el sol que brilla en todas partes. La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente”.

«El futuro ya llegó» es una frase emblemática de la canción «Todo un Palo» de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, popularizada en los 80/90 para indicar que los cambios tecnológicos y sociales esperados ya son una realidad, aunque a veces de forma inesperada o confusa («¡Todo un palo, ya lo ves).
En el texto, en la canción, la frase expresa la hoy mejor conformada sensación de desorientación y la llegada de un futuro que no es exactamente como se imaginaba, un «palo» o golpe de realidad una desconexión: «Yo voy en trenes (no tengo dónde ir…) algo me late y no es mi corazón».
Está en claro que siendo el texto de las postrimerías del siglo XX la sensación general es de insatisfacción en muchos sentidos, ya que el tiempo transcurrido tras las esperanzas abiertas tras la caída del muro de Berlín, ha defraudado las esperanzas del optimista.
La burguesía dominante y la parafernaria ideológica lanzada por sus profusos intelectuales orgánicos, ha debido ocurrir al transitado expediente de poner las expectativas de las nuevas generaciones al siglo XXI en el que sobrevivimos a sus reales escenarios de barbarie, ya tamizados por el horror de la guerra y las acciones de violencia desplegadas por los que concentran la propiedad de la riqueza.

Dice Trotsky en su tiempo y desde su vital juventud, que “Cuando el capital dibujaba maravillosas imágenes del armonioso futuro, las situaba en el siglo XX.¡Y ahora ha llegado ese siglo! ¿Qué ha traído consigo desde el principio?
En Francia, la espuma venenosa del odio racial [Caso Dreyfus]; en Austria, las luchas nacionalistas…; en Sudáfrica, la agonía de un pueblo minúsculo, que está siendo asesinado por un coloso [Guerra Boers]; en la propia isla «libre», himnos triunfantes a la codicia victoriosa de los intermediarios chovinistas; «complicaciones» dramáticas en el Este; rebeliones de masas populares hambrientas en Italia, Bulgaria, Rumania… Odio y asesinato, hambre y sangre…”
El pensamiento del revolucionario, asesinado en su exilio en Méjico guarda tal entidad que su ajuste con el presente luce con evidencia, y da cuenta de su actualidad , bien que lamentando que sus actuales pretendidos voceros , hayan encaminado sus acciones por senderos diversos de esas premisas.
Finalmente, la potencia literaria de León Trotsky deja su sesgo y nos convoca a tomar su bandera, cualquiera fuese la adversidad:
“Parece como si el nuevo siglo, ese gigantesco recién llegado, estuviera inclinado desde el mismo momento de su aparición a empujar al optimista al pesimismo absoluto y al nirvana cívico.
¡Muerte a la utopía! ¡Muerte a la fe! ¡Muerte al amor! ¡Muerte a la esperanza!, retumba el siglo XXI con salvas de fuego y estruendo de armas.
Ríndete, patético soñador. Aquí estoy, tu tan esperado siglo XX, tu «futuro».
– No, responde el optimista con naturalidad: tú, tú eres sólo el presente”.
La frase tan transitada en décadas pasadas: «Cuando un compañero cae, otro toma su bandera» refleja ese pensamiento desde el compromiso con la lucha y la inquebrantable voluntad de continuar a pesar de las bajas.
Desde la poesía, luce como virtual compañera de ruta, esta :
CONVOCATORIA- Por Eduardo «Carlón» Pereyra Rossi
«Convoco a los que todos los días se levantan y salen a yugarla por migajas que no alcanzan, a que se rebelen.
Convoco a los que todos los días vacilan en ir o no ir al templo que envejece los corazones.
Convoco a los que caminan sin rumbo en una tarde cualquiera, buscando una razón.
Convoco a los pacíficos que no están cumpliendo con su deber a pesar de sus buenas intenciones.
Convoco a los que no comen lo suficiente ni se abrigan lo necesario y tienen sed torrencial.
Convoco a los pequeños de ambiciones que dejan a los demás ambicionar más de la cuenta.
Los convoco a dar vuelta el pullóver, a pegarle al prepotente y a escupir en la cara a los que no han sido convocados.
Los convoco a romper lo que no sirve, a perpetrar los robos necesarios, y a recuperar lo perdido.
Los convoco a cagarse en el miedo y patear las puertas donde encerrados están los condenados.
Los convoco a abrir las cárceles a ventilar las tumbas y a levantar las calaveras de los hermanos heridos de muerte.
Los convoco a abrazarse en las plazas del país, a escribir los muros, y a fusilar a los fusiladores.
Los convoco a no atar nada, sino a despedazar las cadenas.
Los convoco a agitar banderas y colores y correr liberados por las calles y por los campos húmedos de rocío.
Los convoco a ser sinceros, a putear a los hijos de puta, a desobedecer al tirano, a amar sin límites y a odiar.
Y si, a ésa convocatoria por impolítica no concurre nadie, ¡Mala leche! Quedan entonces convocados al entierro de la vida del que tuvo ésta pésima idea.
Sí a ésta convocatoria vienen algunos, pero no todos los convocados, no importa, en la próxima seremos más.
Y, si a esta convocatoria, vienen todos los convocados, la cordura habrá invadido en Revolución nuestro país para siempre.

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