León Trotsky vio el cine como una herramienta crucial para la educación proletaria y la transformación cultural, superando incluso al teatro. Abogó por utilizar el cine para combatir el atraso y la influencia religiosa en la Unión Soviética. Aunque valoraba su potencial artístico y propagandístico, también defendió la libertad de expresión artística, chocando con las visiones más dogmáticas del realismo socialista.
En su exilio en México, junto a André Breton, redactó el «Manifiesto por un arte revolucionario independiente», defendiendo la independencia del arte frente a la coacción estatal.
Ensayo de Orquesta , es una película que generó mucha polémica cuando Felini la puso a consideración del público en 1979. Los tiempos , los haceres y los pensares por entonces eran diversos de los actuales. En Argentina la dictadura genocída estaba eufórica por su éxito mediático en la consideración masiva, conseguido por vía de los pies de Luque, Kempes, Ardiles , Galvan , Pasarella, trabajadores del Futbol ajenos a toda esa maniobra, renovada con los juveniles Maradona, Ramón Díaz en el mundial juvenil de ese año, ocasión en la que se dieron el gusto de que un grupo de fanáticos exacerbados y estimulados desde los medios , insultaran y maltraran a Madres que denunciaban la desaparición de sus hijos ante la presencia de la comisión investigadora . Sin embargo, las Madres de Plaza de Mayo, desde su primera marcha el 30 de abril de 1977, consolidaron su lucha en 1979 denunciando la desaparición forzada de sus hijos ante organismos internacionales y la justicia, enfrentando el terror de la dictadura con sus rondas, pañuelos blancos y la búsqueda incansable de verdad.
Lo cierto que la llegada de esta película a nuestras salas cinematográficas pudo burlar la censura existente y nuevamente en nuestra sociedad replicó las polémicas y críticas que desde distintos sectores se le efectuaban en un mundo sin internet, donde las noticias aún nos llegaban como en el siglo XIX , con los barcos que aparcaban en el puerto de Buenos Aires.
Lo cierto es que pese al tiempo transcurrido y sin que las polémicas pudieran ser saldadas de modo superador, los hechos se ocupan de ponerla nuevamente a la consideración de este nuevo público, joven vanguardia trabajadora, y másas de trabajadores hoy más que nunca humillados y ofendidos.
Tal vez sea por la intensidad de la explotación y las formas que imposta deliberadamente quienes tienen a su cargo la gestión del poder burgués, que este ensayo político que soportamos , reconozca las mismas causa y su realidad en esta metáfora que Fellini supo implantar desde un ensayo de orquesta.
En una vieja iglesia tienen lugar los ensayos de un concierto sinfónico. Los músicos llegan en grupos y toman cada uno su lugar: En un rincón están también los representantes sindicales. Un periodista de la televisión entrevista a los músicos: cada uno habla de su instrumento y de sus experiencias. Cuando llega el maestro, que se expresa con evidente acento alemán, empieza con calma el ensayo. Luego, de improviso, se interrumpe por las protestas de los músicos. El director abandona la sala y va a su camerino donde lo sigue el periodista para entrevistarlo. Mientras tanto en la iglesia se arma una revolución: todos protestan contra todo, contra el maestro, contra las partituras. Reina la anarquía y el desorden, las paredes están embadurnadas con eslóganes y símbolos de rebelión. Improvisamente, el edificio empieza a temblar, sacudido por golpes cada vez más fuertes hasta que una pelota gigante de acero rompe las paredes y en el derrumbamiento muere un arpista. Tras momentos de confusión y gritos de terror vuelve el silencio y se reanuda el ensayo. Otra vez en el podio, el director de orquesta imparte sus órdenes, como un dictador.
Esa sería el eje narrativo de la película y su metáfora social. Queda a los jóvenes trabajadores de hoy, cultores y culturizados por la diversidad, y también a los jóvenes trabajadores de ayer, repasar el sentido de lo impreso en imagen , música, actuación por este célebre director, no por razones puramente culturales, sino para dotarse desde el arte, de una herramienta necesaria para trabajar en la construcción del poder obrero y el programa socialista.
En nuestro lugar existente, en un mundo donde los capitales acuden nuevamente a Marte, para “resolver” con muertes sus contradicciones, en este mundo de cosas concretas ¿acaso tenemos la culpa de lo que matamos sin armas, mirando al costado, solo ocupados en ver como ejecutamos para beneficio propio nuestros instrumentos de existir? ¿con tal que procedamos sin instrumentos visibles, podemos asestarnos impunemente los golpes más atroces?
Frente a todo esto lo vivenciado, aún cuando las apariencias exhiben jóvenes gritando en las calles, es la desmoralización y la resignación lo pertinente al dato de la realidad, que no deja ver empuje vital, ni lucha verdadera, sino su reiteración monocorde como procesión de feligreses. Estas situaciones de imaginarios que no toman cuerpo por sus propios límites son las que, por sus efectos nos llevan a un director de orquesta como imperativo categórico olvidando sus perversidades. Es esto que está en la base misma del existir, este olvido de lo que seremos por olvido previo de nuestra condición de clase y sus propios objetivos emancipatorios, lo que necesita ser vencido previo a todo otro trámite. Sin esa victoria social, cultural , no es posible la victoria política revolucionaria.
Nuevo Curso.
