Hoy un repositor me mostró indignado
productos que la gente saca
y deja en cualquier lugar.
Me mostró un paquete de fideos,
unas pilas y una bolsa con cerezas
que alguien sacó
de sus góndolas de origen
y dejó tirados en la góndola de los lácteos.
Pero aunque resulte extraño,
esas cosas vistas así,
arrojadas al azar
y desperdigadas con indiferencia
sobre una exhibición ordenada,
parecen tener un lenguaje en común.
Un idioma extranjero que las separa del resto
y las concentra sobre ellas mismas.
Como si en ese desarraigo transitorio
pudieran olvidarse por un rato
de su propio sector de origen,
de sus propios códigos de barra,
o de su precio y calidad.
Guillermo Sevlever –
