Esa frase con la que titulamos este texto, pertenece a la canción «Algo Personal» de Joan Manuel Serrat. En la letra, el autor critica satíricamente a los poderosos, políticos y líderes que «fanfarronean a ver quién es el que la tiene más grande» . Sin embargo, lo curioso del caso es que en esa lógica los actores de un programa que se emite por las redes, alardean de ser EL ZURDAJE, y desde ese término despreciativo, muestren de manera periódico, lo “vivo que son y cuanto es que se la saben, al peor estilo de porteñito agrandadito».
PRT-La Verdad, fue la denominación de la agrupación que se fusionó en 1972 con el PSA cuyo principal referente era Juan Carlos Coral, siendo estos finalmente los principales dirigentes del partido resultante que fue el PST. Esta nueva organización ,tuvo una fuerte política de inserción en el movimiento obrero, al ligarse más profundamente a los procesos que se sucedían al interior de la clase trabajadora y la lucha concreta de las clases en ese tiempo histórico.
Se trata del período transcurrido entre la vuelta al gobierno del peronismo en la persona de Cámpora en 1973 y el gobierno del propio General Perón hasta su muerte en julio de 1974. En esta etapa las clases dominantes buscaron desviar el ascenso abierto en 1969 recurriendo a la dirección histórica del movimiento obrero.
Con la vuelta del peronismo al poder se abrirá una etapa de experiencia de los trabajadores con este partido, signada por las ilusiones en la recuperación de las conquistas perdidas con la ofensiva capitalista desplegada desde 1955.
Estas expectativas motorizarán una oleada de conflictos, al calor de los cuales un amplio sector de la clase obrera avanzará en su experiencia de lucha y organización, proceso en el que enfrentarán a la burocracia sindical (pieza clave de la política de contención del peronismo en el gobierno) y en el que se planteará el enfrentamiento con las políticas puestas en práctica por el gobierno para canalizar la lucha de clases (como el Pacto Social) combinada con la represión (pronto expresada en la forma de ataques de tipo “fascista”) contra las luchas y los activistas obreros y la izquierda.
Por esa significativa inserción y anclaje en la vanguardia obrera industrial de los grandes centros urbanos del país, el trabajo del PST, no fue inocuo ni dejó de alertar a las clases dominantes . Tal vez en ello, pueda encontrarse explicación razonada de que ,el 29 de mayo de 1974 un grupo de la organización paraestatal Triple A, liderada por Lopez Rega, asesinaba a Oscar Meza, Antonio Moses y Mario Zidda, militantes del Partido Socialista de los Trabajadores.
La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), con apoyo de la burocracia sindical de la CGT atacó el local del PST en el Talar de Pacheco, donde se reunían sus militantes. Un grupo armado de unas 25 personas irrumpió en el local, golpeó y secuestró a seis militantes (tres hombres y tres mujeres). Las mujeres fueron liberadas más tarde, mientras que los tres hombres fueron fusilados.
Los cuerpos de los tres compañeros aparecieron acribillados a balazos en un descampado de Pilar el 30 de mayo de 1974. Este ataque se enmarcó en una escalada de represión paraestatal contra la izquierda y se considera un antecedente del «modus operandi» de la dictadura militar de 1976.
Sobre la experiencia de estos meses intensos, se asentará una camada de activistas y dirigentes obreros que emergerán en el año siguiente con el enfrentamiento abierto contra el gobierno de Isabel y el surgimiento de las Coordinadoras Inter fabriles.
El tiempo histórico desarrollado desde entonces a la fecha ha podido dar cuenta por sí mismo , casi en grado de evidencia de las limitaciones de este desarrollo militante que entrega el respeto en el tiempo por los caídos en lucha . Las actividades militantes de esta organización estuvieron marcadas por un sello distintivo , por plantearse en el marco general de una política sindicalista, desplegada en las luchas obreras, expresándose en una clara escisión entre las luchas sindicales y las políticas, separando en definitiva el programa mínimo y sindical, de las consignas de agitación política y de organización.
Esto se expresó principalmente en una sobrevaloración del programa mínimo, al entender que la lucha contra el Pacto Social, aún desarrollándose sindicalmente implicaba o conducía a una ruptura con Perón y luego toda versión ideológica que reconociera esa matriz.
Estas graves deficiencias se expresarán cada vez más crudamente en relación con la defensa de la clase obrera contra los ataques represivos. Frente a éstos, el PST operará una orientación hacia el abandono de la política de “frente único obrero” por un “frente democrático” con la oposición burguesa, justificándose en su caracterización de que el movimiento obrero no estaba preparado para enfrentar los ataques –caracterización que en buena medida, explica también abandono de la política de construcción de una organización clasista que aglutine a la vanguardia, pasando a centrarse exclusivamente en su propia organización.
Cabe remarcar que el progresivo abandono de la política de respuesta obrera ante los ataques fascistas fue un elemento que tendió a la adaptación del PST a la democracia burguesa, cuando estaba planteado que el movimiento obrero diese una respuesta contundente a los mismos organizando comités de autodefensa, desarrollando la movilización revolucionaria de las masas en enfrentamiento con el gobierno (y a la burocracia sindical) como única forma de defender las libertades democráticas para los trabajadores y el pueblo, y derrotar a la represión .
Cuando el PST planteó elementos en este sentido tendió a hacerlo en forma abstracta y desligándolo de los procesos que se sucedían al interior de la clase obrera. Principalmente este giro fue justificado por el PST planteando la inmadurez de los trabajadores para expresarse contra los ataques, como parte de su caracterización general de la situación como “no revolucionaria” desarrollada más arriba.
Así, desde la “declaración de los 8” avanzarán a lo largo de sus publicaciones, como mostramos en este trabajo, en los planteos de defensa del “proceso de institucionalización”, de las instituciones burguesas, justificándola en una defensa de las libertades democráticas, y en el llamado a defender a Perón contra el ataque de la oligarquía y el imperialismo.
Es desde aquí que el PST comienza a delinear una visión etapista de la revolución donde se plantea la defensa de la democracia burguesa junto a sectores burgueses, como “etapa” separada de la revolución obrera, justificándose en la “inmadurez” de la clase obrera, concepción que ataca el núcleo de la teoría de la Revolución Permanente, y constituye un esbozo de la “teoría de revolución democrática”, expresada en una “oposición democracia-fascismo” (en este caso la defensa de Perón frente a los ataques de la oligarquía y el imperialismo) y que Moreno desarrollará en los años 80.
Hoy no es tiempo de reducirse al solo recuerdo y la memoria de aquellos luchadores caídos en el trabajo militante cotidiano por el socialismo, en el frente sindical .
Hoy es tiempo incluso, para que las propias organizaciones que se dicen sus herederos y acuden a su mención, tengan presente al menos como entendimiento básico frente al próximo 1 de mayo, que el camino recorrido supuso un desvío ideológico que termina por colocar al parlamento en el centro de la escena, la búsqueda de diputados a como de lugar y la puja por la instalación de imágenes por sobre la construcción de programa estratégico de los trabajadores desde la vanguardia a las masas.
Hoy es tiempo de advertir como tarea prioritaria que lo que corresponde prioritariamente es encauzar a la clase obrera en una organización política de carácter clasista, intentando avanzar en una ruptura con el peronismo, mostrando la necesidad de la organización independiente de los trabajadores.
Eso no se consigue con acciones publicitarias de superestructura, ni instrumento de comunicación cuya utilización convierte a los ejecutores en aprendices de periodistas, convirtiendo militantes en tipo “piolas”, “sabe lo todo” que pasan sin solución de continuidad de superponerse en el recitado de guiones prefijados, que autoproclamándose como lúcidos, terminan siendo los lambe pies de decadentes ancianos sabiondos, que tratan de contar el cuento de caperucita roja, con libros propios a base de refritos de las guerras napoleónicas, como si los actuales conflictos bélicos y los extremos materiales de la lucha de clase en cada país pudieran haber sido previstos por Carl von Clausewitz.
Todo el elenco político actual que se exhibe autoproclamándose con los términos despreciativos del enemigo de clase bajo el paraguas ideológico reformista parlamentarista de “el zurdaje”, no ha sido capaz de generar desde la década del 90 en adelante ninguna opción de poder y autonomía política de clase para los trabajadores, limitándose a llevar “desde fuera” democratísimo, ilusiones parlamentarias y políticas de derechos a través de la búsqueda afanosa de un frente popular.
Hoy los activos del “zurdaje”, solo se pavonean de sí mismo y de su aparente lucidez que incluye aparatos publicitarios similares relativos a la cuestión internacional, con barquitos viajeros presuntamente solidarios análogos a “damas de la caridad”, llevando sus sobrantes a las villas o poblaciones donde sobrevive miserablemente la población sobrante .
Ellos estarán en zona de confort haciendo “programas televisivos” , ampliarán el fetiche mercantil al “fetiche de las cámaras” y programarán sus viajes a “las Europas” para repetir y aprender de socialdemocrátas desclasados como se arman “sellos” y se le vende ideología a las nuevas generaciones de trabajadores.
El camino, es superar el velo de los aparatos ideológicos expansivos dentro de los cuales se incluyen los de quienes se dicen “zurdos” admitiendo en sí que existen porque otros le llaman así, y son esos los que les dan identidad, recuperando otro militancia , de presencia, de realización común y de lucha programática por la construcción de un nuevo sujeto revolucionario, emergente de las masas trabajadoras asumidas como clase , con un programa estratégico de fusión dialéctica de los planteos economicistas de sobrevivencia con la proyección de poder de los trabajadores, en un nuevo orden social y político .
El camino, por supuesto, más lento y trabajoso que el simple montaje de un micrófono y una cámara , es la construcción, organización y consolidación en militancia práctica con los métodos de lucha que impone la lucha de clase, de una fracción de los trabajadores que convencida de la insuficiencia de simples conmociones políticas, reclame en mensaje a las masas trabajadoras, una transformación fundamental de la sociedad .La revolución tal como lo enseña la historia no es el producto de una unión entre el socialismo y el movimiento obrero, sino una síntesis dialéctica que tiene como punto de partida las diversas experiencias del propio movimiento obrero .
Sin buscar repetir desde lectura trillada paradigmas de un general Prusiano, la quinta esencia de un fenómeno que excede los elementos de juicio de aquel estratega, tal vez sea más pertinente, encontrar en las categorías analíticas de Marx, en cuanto al sentido de la revolución y el sujeto de la revolución , al menos eso parece, de la lectura de lo siguiente, que sin duda es herramienta de trabajo en la lucha por un nuevo orden social:
“Usted tendría que haber asistido a una reunión de obreros franceses para poder darse cuenta del ardor juvenil y la nobleza de carácter que se manifiesta en estos hombres agobiados por el trabajo…. la historia forma entre estos “barbaros” de nuestra sociedad civilizada el elemento práctico para la emancipación de los hombres “ (Carlos Marx. Carta a Feuerbach del 11 de agosto de 1844)
“Cuando los obreros comunistas se reúnen , es en primer lugar la doctrina, la propaganda, lo que constituye su objetivo. Pero , al mismo tiempo, se apropian de este modo de una nueva necesidad, la necesidad de la sociedad, y lo que parece ser el medio se convierte en el objetivo. “ Carlos Marx. Manuscritos Económicos 1844)
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