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LA TENSIÓN DEL UMBRAL.MÁS ALLÁ DE LA JUSTICIA

» Los sucesos, las historias de las que queríamos ser sólo testigos, actores secundarios, a veces narradores, un día arrojan sobre nosotros el espectro de su evidencia «(Francois Emmanuel Tirtiaux. “La cuestión humana»)

Las imposibilidades materiales que ofrece el capitalismo, de la cual los trabajadores conocemos en extenso, en particular en su versión financiera que implica una maquinaria de producción de deudas montada sobre los explotados y que producen además de las carencias materiales un nuevo giro ascendente en la angustia cotidiana , permiten indicar y llama a sorpresa que de ello no se nutra la propaganda política de la militancia , que se hace necesaria una nueva sociedad como espacio para la concreción del principio de igualdad desde donde construir una real existencia humana y un orden social justo, que es finalmente el objetivo estratégico del socialismo y el poder de los trabajadores por vía de su propia dictadura .

En ese sentido, es un dato constatable a poco que se lo quiera observar , que las formas jurídicas con las que se construyen y perfilan el conjunto de relaciones sociales existentes en la sociedad civil del orden social que genera el capital, tienen subyacente , el paradigma de la igualdad de los individuos en tanto el derecho en la sociedad capitalista es el formato-herramienta normativa, que facilita su funcionamiento bajo esa premisa ideológica con la que emergió la dominación burguesa por vía revolucionaria.

En los hechos, si se busca una apreciación más cierta de las actividades humanas que se inscriben en lo que ha quedado aceptado como “militancia” para dar espacio a lo que se presenta como “lucha”, acción a la que llaman todos los dispositivos propagandísticos de los aparatos políticos que buscan dar cuenta de las diversas expresiones de la explotación y la opresión, se puede advertir que en todas ellas se juega de manera explícita o implícita un juicio de moral abstracta concentrado en la demanda de justicia formal, para una específica situación que se denuncia por su negación , es decir , una situación que es llamada a conformar una injusticia. De esta forma la acción no tiene otro horizonte u objetivo que el cese o reparación de esa versión concreta de injusticia.
Por ese camino la justicia leída y expuesta como valor aspiracional, es decir, algo que existe, pero solo se puede percibir en las situaciones concretas de la vida relacional, se explica en términos de la dicotomía igualdad-desigualdad, y de esa manera lo justo consiste en tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales y eso se logra a través del conocimiento y la práctica de las normas y las reglas. Tal vez, no es un dato azaroso , que los que asumen funciones de liderazgo en esa llamada “militancia” terminen siendo en gran mayoría abogados, a los que el resto del colectivo en lucha les asigna valor por su profesionalismo en esos menesteres.

Queda sin embargo la pregunta ¿Qué significa en realidad que dos personas son iguales o bien desiguales, entre sí, dentro de una sociedad de clases como la que impone el orden social capitalista? Y es ahí , en la respuesta a este interrogante donde naufraga el reformismo en tanto construcción política y cualquier concepción formalista de la justicia, que la designa como valor que habita en sentido platónico, en un mundo de las ideas y solo adquiere concreción imperfecta en la existencia concreta por vía de las políticas normativas que impone el poder.

Avanzando en esa dirección que problematiza la cuestión, y siendo que nos encontramos en un orden social de clases , ya en sus instancias iniciales estando el capital y la burguesía en busca de consolidación hegemónica, Jean-Jacques Rousseau , sostuvo lo siguiente:

«Al reducirse todo a las apariencias, todo se convierte en ficticio y fingido: honor, amistad, virtud, y con frecuencia hasta los vicios mismos, de los que finalmente se encuentra el secreto de glorificarse; como, en una palabra, al pedir siempre a los demás lo que nosotros somos y no atreviéndonos a preguntar sobre ello a nosotros mismos, en medio de tanta filosofía, humanidad, educación y máximas sublimes, no tenemos más que un exterior engañoso y frívolo, honor sin virtud, razón sin sabiduría, y placer sin dicha. Me basta con haber probado que no radica ahí el estado original del ser humano y que es únicamente el espíritu de la sociedad y la desigualdad que ella engendra los que sí cambian y alteran toda nuestras inclinaciones naturales.» Jean-Jacques Rousseau, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1754).

También viene a cuento tener presente que Carlos Marx en el documento Crítica del Programa de Gotha señalo que:

“…..la distribución de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la distribución de las propias condiciones de producción. Y esta es una característica del modo mismo de producción. Por ejemplo, el modo capitalista de producción descansa en el hecho de que las condiciones materiales de producción les son adjudicadas a los que no trabajan bajo la forma de propiedad del capital y propiedad del suelo, mientras que la mayoría sólo son propietarios de la condición personal de producción, esto es, de la fuerza de trabajo. Distribuidos de este modo los elementos de producción, la actual distribución de los medios de consumo es una consecuencia natural. Si las condiciones materiales de producción fuesen propiedad colectiva de los propios obreros, esto determinaría, por sí solo, una distribución de los medios de consumo distinta de la actual” (MEW 19, p. 22)

En ese contexto , con este marco teórico y siendo así las cosas , la aspiración a la igualdad , en tanto uno de los ideales constitutivos de la modernidad capitalista desde el momento en que triunfaron las grandes revoluciones burguesas, que encolumnaron al pueblo tras ese objetivo y para el cual construyeron su soberanía, es el factor que continúa en lo que lleva este siglo , bien que , con perfiles diversos en la apariencia y en las formas , incluso las normativas, en una suerte de incorporación y profundización del respeto por lo diverso , factor que hace mella sobre el sentido estricto que de la igualdad tiene el orden burgués y que parece formalmente contradictoria con la esa versión inicial o tradicional.

En definitiva, y volviendo al inicio, puede sintetizarse lo expresado hasta aquí afirmando que el principio de igualdad es el eje rector de todas las normas y de las interpretaciones judiciales que surgen de las mismas básicamente configuradas a partir de la prohibición de toda discriminación en razón de la orientación sexual de los componentes de la pareja, como se sigue expresamente de la ley 26618 y del género como lo dispone en general la Convención para la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer.

Sin embargo, la cotidianeidad de nuestro existir que lleva nuestra vida a escenario de pura sobrevivencia material permite advertir que, aunque el capitalismo es el espacio donde tomó expresión el ideal de igualdad entre los hombres, esa aspiración solamente puede realizarse con la superación dialéctica de sus estructuras productivas y sus efectos en la cultura .

En ese sentido, desde el avance neoliberal como ideología dominante en el último cuarto del siglo pasado , la igualdad fue exhibida como la condición formal en la que los individuos se encuentran entre si en las relaciones sociales donde se desenvuelven, esto es, como un a priori que juega como una suerte de condición abstracta anterior al vínculo en sí. Dicho de otro modo, la igualdad se presume entre las personas como condición fundante de sus vínculos y solo debe ser leída como tal. Los individuos se presumen en todos los casos semejantes, iguales y libres y en tal condición arriban a la sociedad que los alberga en cuanto tales dando por descontado ese paradigma en los vínculos concretos y los derechos subjetivos emergentes de ellos.

Así vista la cuestión, se advierte que la exaltación de la igualdad, en tanto igualdad abstracta ante la ley y de ella se deduce el contenido de la justicia concebida en términos formales, se vincula de modo necesario con la existencia , desenvolvimiento y vigencia del mercado , y el amparo que esta noción adopta por la forma jurídica que instituye el poder burgués en tanto Estado Constitucional de derecho.

De esta manera, frente al discurso meramente ideológico y su concomitante aspiración a una justicia formal y abstracta, el problema consiste en que el capitalismo es expresión histórica de una determinada sociedad de clases (burgueses y trabajadores) siendo la ley la forma jurídica que permite su reproducción y su existencia misma al calor de las relaciones de explotación que implica el capital y su proceso de concentración en pocas manos y tendencia a la pauperización generalizada de la masa trabajadora.
La relación social designada bajo la categoría conceptual “capital”, constituye fácticamente la apropiación privada del valor generado por el trabajo en la producción generalizada de mercancías o en la apropiación de la renta derivada del dominio de la tierra o los beneficios emergentes de la especulación financiera de una clase en detrimento de otra que resulta objetivamente explotada. De esta manera, los actos humanos contenidos en la reproducción del capital , socavan constantemente en la realidad , la igualdad formal y abstracta que pregona el orden jurídico constitucional al punto de negarla en su existencia misma. Es decir, lo que se presume en abstracto por vía de la forma jurídica, no es tal, en la concreta objetividad de la realidad, que se verifica a partir precisamente de su negación.

Frente a todo esto, la burguesía expone como reflejo de ese marco de situación , el aliento ideológico de las políticas de la divergencia con las que busca invertir el paradigma fundacional clásico de la igualdad ante la ley. Es así que el igualitarismo abstracto de nuestro siglo se presenta como autorización y legitimación para el trato social que desmerece el estándar de igualdad para todo y lo sustituye por “igualdad” que nace del respeto a las diferencias.

Hay que agregar que, en el marco de la conformación y desenvolvimiento del Estado en tanto institucionalidad del poder burgués, la intervención de éste en las relaciones intersubjetivas de la vída social por vía de las políticas de declaración de derechos subjetivos llevan en sentido inverso al pregonado a que en los hechos se presente la desaparición concreta del paradigma igualitario, en tanto esas declamadas políticas, siempre implican un trato aspiracional a dar consenso jurídico a una situación desigual a los desiguales con soporte de justicia formal, factor que genera conflictividad con la burguesía dominante tomada de conjunto.
Posicionado frente a la posibilidad esta reformulación de la idea de igualdad hoy vehiculizada en el plano concreto, y analizándola simplemente desde el plano tendencial Marx argumentaba que los principios y concepciones normativas sobre los cuales parece flotar de modo subyacente la idea de igualdad, solo expresan en realidad los intereses históricos de clase , por lo que el reclamo de su universalidad o extensión generalizada es falso y en realidad engañoso, desde el momento en que tales principios contribuyen a ocular el antagonismo de clase bajo la fachada del bienestar general ,por lo que la propaganda militante que acude a la apología de las políticas de derechos se constituye en un camino erróneo , en la medida en que esas formas jurídicas lo conducen a un callejón sin salida signado por la inauténtica posibilidad de mejoramiento progresivo de la existencia cada vez más inhumana dentro del orden social capitalista .

Por eso, la orientación central y básica frente a los fenómenos de desplazamiento social negativo en los que nos encontramos nos convoca, es dar primacía a la totalidad, ya que la fragmentación impide ver la coherencia del conjunto. Llega el momento de pensar en que el problema no esta en aquellas personas que ocupan una plaza pidiendo comida, vestimenta y un techo, sino en las relaciones que estructuran esta sociedad en la que sobrevivimos y exhibe esos fenómenos degradantes de la condición humana en sí.

Es necesario, tener presente que con la miseria que adquiere expresión significativa en nuestra cultura por vía de relaciones sociales asimétricas, no se puede hacer exclusivamente lucha sindical por reivindicaciones parciales y sectoriales , porque eso supone ser parte de lo mismo que se dice criticar en búsqueda de una posible reforma . Peleando por una donación pública o un subsidio o un bono , lo único que se alimenta es la falsa noción de que estamos ante un problema de distribución de la riqueza, que se puede abordar adoptando políticas para que la misma sea más equitativa y genere condiciones de vida igualitaria.

El Estado hegemónico, el de la burguesía capitalista, tambalea porque ve minados sus fundamentos mismos y es por eso que desanda una avanzada ideológica sobre las masas explotadas de trabajadoras buscando consenso para una falsa construcción de lo real permeable a sus intereses. El análisis de las instituciones de la sociedad civil y sus mediaciones hacia las formas políticas perfilan un momento de la lucha de clases en el que se dibuja una fuerte tendencia hacia una nueva relación de fuerzas, en la que el orden burgués exhibe la decadencia de su eficacia económica con un giro autoritario más o menos acentuado o maquillado por el discurso «liberal” que agoniza ante la creciente desigualdad social y la frustración de su paradigma constitutivo.

La Constitución de un Estado, las leyes y los códigos que en su consecuencia se dictan se exhiben por la burguesía ante los ojos de los trabajadores y el conjunto de los sectores sociales oprimidos como los reguladores formales del funcionamiento de una sociedad. Este dogma, crea la ficción de la imparcialidad, inviolabilidad, e inmutabilidad del orden jurídico, ocultando que el fenómeno jurídico, en última instancia, es la manifestación superestructural de las relaciones de clase y de producción capital-trabajo.

La ley es la expresión formal del poder burgués y de su Estado, no sólo porque regla su funcionamiento y pena las violaciones sus textos , sino porque arma todo el entretejido de argumentos que moldea la conciencia y la moral de toda la cultura.

Los apremios objetivos en que se encuentra la clase trabajadora no admiten otra intervención que la lucha política, orientada explícitamente a la desaparición de los factores que generan ese resultado calamitoso e inhumano emergente de paupérrimas condiciones de vida. No hay otro camino que la superación de las relaciones sociales capitalista que nos enmarcan.

Desde esta premisa es valido concluir en que, no hay sociedad que esté más alejada de las relaciones humanas en plano de igualdad , que la emergente de la revolución burguesa . Por el desenvolvimiento del orden capitalista , estamos ahora , en un mundo donde reinan la explotación asalariada, la división en clases y la lucha por sobrevivir dentro de condiciones indignas de existencia que exige su superación

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