Nuevo Curso

LA NORMALIDAD EMANCIPATORIA

Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos
si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos

antes aún que explote la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos
si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro

usted preguntará por que cantamos

cantamos por qué el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino
cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes

y nuestros muertos quieren que cantemos
cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota

cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto

cada pregunta tiene su respuesta
cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza. (Mario Benedetti)

Algunos hablan de “nueva normalidad”, buscando que lo que nos toca sobrevivir sea naturalizado. Con eso no hacen otra cosa que darle continuidad a un método al que son muy proclives el elenco de formadores de opinión que mercantilizan sus textos según quienes actúan con ellos como mecenas. La palabra “nuevo” tiene las posibilidades de su flexibilidad de manera que puede antecederle a cualquier concepto sobre el que quiera asignársele relevancia o poner intencionalmente en el centro de la escena social y política, siempre en el anhelo nunca expuesto de dar contenido interesado al discurso de sentido común y sus implicancias.

Así las cosas es nueva la normalidad y también es nueva la clase trabajadora, según lo proclama por donde aparece una cámara o un micrófono, Myriam Bregman. Lo cierto sin embargo, que ni lo que se le da el nombre de normalidad , ni la categoría analítica de clase social admiten que se les anteponga ese termino, por la sencilla razón que al hacerlo se niega incluso su génesis.

La normalidad nunca es nueva porque es la definición transitoria de un estado de cosas siempre mutable , porque lo que sucede no es que algo termina y luego viene algo nuevo y se instala como lo normal, sino que ese estadio es la resultante de una transformación dialéctica donde lo viejo permanece en lo emergente y es la razón de esa emergencia.

En igual sentido, si la categoría identitaria de clase surge precisamente de la lucha de antagónicos que es la ley de la historia, según lo tiene dicho Marx dede el Manifiesto del Partido Comunista hasta nuestros días, afirmar que hay una nueva clase trabajadora es negar precisamente el proceso dialéctico de la lucha de clases y con ello el sentido mismo del término clases.

Sin embargo, por estos tiempos que son indudablemente señaladores y expositores de una crisis social significativa , con escenarios de guerra, miseria y barbarie cultural, se usa con frecuencia abusiva y tal como si fuera un comodín , la idea expuesta como pensamiento según la cual : «lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer» y acto seguido se aclara que pertenece al marxista italiano Antonio Gramsci, quien la escribió en sus famosos Cuadernos de la cárcel alrededor de 1930.

Si se tiene presente esa frecuencia de trato y la desazón que buscan explicar por vía de su uso, se podrá ver que ello sucede por el empleo en términos de lógica formal de la contraposición entre lo viejo y lo nuevo, entre la normalidad y la nueva normalidad, siendo esta de carácter cancelatorio con referencia a la anterior. Tal vez por esto es que la desazón se un sentimiento casi central en la exposición viciada de lo que se da en llamar nueva normalidad.

Gramsci usaba la idea que mencionamos para escribir los momentos de crisis profunda (o crisis orgánica) en la sociedad y la política. En este tiempo de transición, el sistema anterior pierde su autoridad y legitimidad, pero la alternativa todavía no tiene la fuerza para reemplazarlo por completo. La frase completa y más conocida advierte que «en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados», una versión popular traducida suele decir que «en ese claroscuro surgen los monstruos», haciendo referencia a la aparición de salidas extremistas, violentas o autoritarias (como el fascismo que él mismo padecía en prisión).
Como se verá, nada de eso tiene que ver con hablar de lo nuevo y lo viejo , sino todo lo contrario, es decir, nada es nuevo y viejo sino que lo variación desde lo dado hacia otro estadio es el sentido mismo de la existencia en sí.

Lo cierto es que todo ese juego de herramientas conceptuales intencionalmente manejadas para dar justificación razonada de lo que existe no puede ser visto como un camino a transitar, sino por el contrario , es una ruta sobre la cual no poner las piernas, precisamente porque tratando de dar cuenta de la desazón, no hacen otra cosa que formentara, porque precisamente, en esa suerte de desesperanza se crea el escenario social para que los dominadores sigan dominando.

Dicho esto, queda por decir algo en referencia a como se enfrentan las adversidades que se erigen como las causas fuentes de esa desazón . Si uno comprende que hemos construido nuestra existencia reconociendo que sufrimos con intensidad prácticas genocidas y más de cuatro décadas de ilusiones democráticas hoy desvanecidas, que trajeron desde su vientre las monstruosidades capitalistas , exhibidas como virtud, lo que corresponde es ir a meter las naricies en el lugar de los combatientes abatidos y rescatar que nuestra sociedad había llegado hasta ahí, y que ese hasta ahí implicaba la comprensión de que era necesaria la confrontación en cuerpo y alma, siempre y en todo lugar. Desde allí, desde esa tendencia que han querido sepultar todos los oportunistas posibles, es que surge un elemento para trabajar como respuesta a la desazón : La lucha , organizada y consciente, con la certeza de que se impone abatirlos, en tanto no se supera el desatino capitalista , sino abolíendolo como tal, para que lo normal sea lo que la emancipación de los trabajadores demande.